Archivos para febrero, 2011

La semana pasada le hice una entrevista a Harrison Cuero, defensor comunitario de Buenaventura. La entrevista fué hecha para una revista sueca en la que acostumbro a escribir y donde me pidieron una nota para su sección de “Charla con…”. Querían una charla con alguien interesante y les dije que aquí lo que había era gente interesante.

A Harrison lo conocí por casualidad y me llamó la atención la historia que tenía en el movimiento negro. El tiene 33 años y es de Guapi, Cauca.
– “Una vez llegaron a mi escuela unos muchachos de Buenaventura para hablar sobre el tema ambiental. Nos invitaban a organizarnos. Para mí fué la primera vez que veía a otro jóven negro tomando posiciones de construcción”.
Esa fué la primera inspiración. Después vendría el seminarista Estiwar. Un seminarista interesado en los temas ambientales y que invitó a los muchachos de la escuela de Harrison para hacer una organización que concientizara a la gente sobre los efectos de las empresas mineras en la región.
-“Había un tema minero en Timbiquí. Allí se metió una empresa rusa con retroexcavadoras. Y resultó que se tiró el rio, la gente perdió sus cultivos, el impacto socioeconómico fué grande. Eso no queríamos que pasara en Guapi”, me cuenta. Así que el tema lo inspiró para meterse en la organización ambiental de jóvenes donde poco a poco se fué dando cuenta de que tenía habilidades de líder. Que la gente lo escuchaba. Y que además le apasionaba el tema ambiental.
-“Para ese entonces, en los 90s, Guapi tenía unos 2000 habitantes. Todos nos conocíamos. A mí me gustaba el estudio. Mi madre era profesora de preescolar y siempre nos inculcó el estudio. Mi padre por su lado no sabía leer ni escribir muy bién. Escribía lo que necesitaba para llenar las plantillas de construcción. Pero viajó por todo el país como constructor y conocía de muchas cosas, de muchas regiones. El me pedía que le leyera el periódico cuando llegaba”.

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Ser peatón

Publicado: 7 febrero 2011 en Cotidianas

Una de mis primeras experiencias como inmigrante en Suécia y que se quedó marcado en mi memoria fué el simple hecho de cruzar una calle. Iba con mi padre caminando, cuando de repente llegamos a una zebra casi que al mismo tiempo que un bus. Mi impulso fué detenerme porque no había un semáforo que le dijera “ROJO” al bus. Por lo cual pensé que no pararía. Pero para mi sorpresa el bus bajó la velocidad y paró completamente para que mi padre y yo pasáramos. No había nadie más que fuera a pasar. Sólo él y yo. Y cuando ya habíamos cruzado el bus volvió a arrancar e irse. Mi padre me explicó que en Suécia, el peatón tiene preferencia en una zebra, y las hay en muchos lados. Y agregó: “Es que así debería ser, la máquina doblegarse ante el ser humano. Primero estamos nosotros los que caminamos”. Nunca se me olvida ese hecho y lo sencillo que sonó cuando oí esa teoría la primera vez.

Lo he escrito antes y no me cansaré. Detesto las ciudades que están construidas sólo para los carros. Estas últimas semanas he caminado mucho en Cali, de un lado a otro haciendo trabajos, yendo a citas, vueltas, etc. Y lo hago a pié cuando las cosas son relativamente cerca y porque no tengo carro, detesto tener que tener carro en una ciudad. Estoy acostumbrada al transporte público, la bicicleta y caminar y creo que es mi derecho poder caminar en mi ciudad cuando lo considere. Es más, debería ser algo que se estimule como forma de disminuir la contaminación y como forma de acabar con el sobrepeso que ya es considerado una epidemia mundial por la Organización Mundial de la Salud.

Pero cada vez que camino en Cali me parece que arriesgo mi vida. Y eso literalmente me saca de casillas. En la ciudad hay rondeles que no tienen zebras y sin semáforos, de tal modo que el peatón tiene que arriesgarse cuando haya menos flujo vehicular, lo cual en muchos sitios acontece muy pocas veces. Por ejemplo el rondel del monumento a los Esclavos o de La Solidaridad. El viernes pasado tuve que hacer maromas para pasar la doble vía de calle, lo cual tardó muchísimo porque los carros se creen que son los únicos que pueden transitar en esta ciudad. Seriamente estaba pensando si tomar un taxi para que me pasara a la otra orilla. Es el colmo!

Las zebras son escasísimas. Y donde las hay sinceramente no sé para qué sirven. Los carros ni bajan la velocidad al encontrar una zebra. Siguen con el acelerador hasta el fondo como si fuera una simple pinta en la calle. Por ejemplo la zebra al frente del Home Center del norte, por la Av. 6A. Hay una zebra en una calle peligrosísima donde los carros pasan a mil y el peatón tiene que aventurarse cuando el flujo vehicular disminuya, lo cual puede tomar bastante tiempo.

Cuando discuto esto con taxistas, me responden defendiéndose con argumentos como: “los motociclistas son peores, esos sí que se llevan todo por delante” o “es que la gente (léase: peatón) es muy imprudente, se pasan donde no deben”. He ahí mi punto: No hay dónde pasarse! No hay por dónde caminar para un peatón.

Después aparecen personas como la directora del Fondo de Prevención Vial, Alexandra Rojas, diciendo que es que “en Colombia nadie se siente peatón”. Es que en Colombia no construyen las ciudades para el peatón! Cómo se les va a pedir a los colombianos sentirse parte del tránsito en las calles si lo único que vale son los carros? Porqué una zebra no es sagrada? Aún sin semáforo? Existe en otros países leyes que dicen que en una zebra el que tiene preferencia es el peatón, el carro tiene que bajar la velocidad y parar, aún si no hay semáforo.

Si nos vamos a educar en el tránsito vamos a tener que hacer visibles a los peatones, de la misma forma que ya son visibles los carros. Y además visibilizar a los ciclistas con más y mejores ciclovías.

Qué político se le mide a tomar ese reto urbano? A transformar la ciudad en una amable con la gente sin carro? Como muy bién lo dice Alexandra Rojas: “Es hora que se piense más en las personas que llevan caminando miles de años, que en los carros que están en el mundo hace poco más de cien”.

Rondel del monumento de a los Esclavos

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