Las brujas de Angola

Publicado: 26 enero 2016 en Antropología, Mujeres, Mundo

Una de las formas más interesantes de conocer un país es a través de sus mitos y leyendas. Decía Lévi Strauss que se podía encontrar una estructura en los mitos y leyendas de la humanidad, que esas histórias fantásticas que unos y otros contaban en diversas culturas, era nuestro idioma universal. En esas ansiedades narradas era que podíamos rastrear nuestra humanidad en común a través de las diversas culturas.

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En camino entre los Gambos y Lubango se encuentran varias de estas “chimpacas”, pozos de agua lluvia donde la gente se baña, los niños juegan, lavan la ropa, la losa. Hacía 6 años no llovía, y la semana pasada llovió. Las chimpacas se llenaron.

De regreso del municipio de los Gambos a la ciudad de Lubango, un viaje de dos horas, le conté a mis dos colegas, Cecilio y Roséria, sobre la leyenda de la Llorona. Mis intenciones era que ellos retribuyeran contándome sobre sus historias locales. Soy generosa, además de la Llorona les conté sobre la pata sola, el diablo en Cali que se aparece en Juanchito, la mano peluda, la del dorado y una historia sobre un duende que le hacía trenzas a los caballos y que me fué contada cuando yo tenía 9 años por una tía. Resulta que mi abuelo tenía una finca por el sector del Hormiguero, justo del lado caucano en la frontera entre el Valle y Cauca y al lado del rio Cauca. Ahí la población es mayoritariamente afrocolombiana y la cultura oral es riquísima. Yo un día, oí los sonidos de la respiración del duende y esa noche no pude dormir. La Joanna de 9 años creyó. La de ahora, no tanto. Reflexiono sobre ese episodio más como un proceso de sugestión: era de noche, yo estaba con mi tía y mis primos durmiendo en el mismo cuarto, sólo se escuchaban las chicharras, las historias de la amante del abuelo que aún rondaba por la finca nos mantenía desvelados (ella era una amante negra que tenía el abuelo y con quien procreó un hijo mulato, lo cual también daba para historias, la señora había muerto pero eso no la exoneraba de que en la familia y en la localidad dijeran que ella era bruja, yo no le veía la lógica a que una bruja no pudiera evitar su temprana muerte). Todo daba para que escucháramos sonidos de toda índole. Esa noche nadie fué al baño y la puerta del cuarto fue trancada.

Cecilio y Roséria me contaron algunas histórias fantásticas de Angola. Pero la discusión fue tomando un rumbo por donde no había yo imaginado. Resulta, que tanto Roséria como Cecilio son gente estudiada, que trabajan como trabajadores sociales con comunidades rurales. Cecilio es coordinador de uno de los proyectos de acceso de la mujer rural a la tierra. Y entonces, después de contarme algunas historias, me dicen:

Cecilio: Aquí además había una señora en la plaza, creo que vende carne, no Roséria?
Roséria: si, ella vende carne en el mercado.
Cecilio: se transformó en cobra delante de la gente.
Yo: en cobra?

Entonces, empecé a imaginar qué espectáculo de tipo cuentero en la Plaza de Bolívar había inventado la señora, tal vez incluyendo una bebida que hacía alucinar a la audiencia. Y suave fuí guiándoles a las expliaciones.

Cecilio: Sí. Ella se convirtió en cobra y quedó la cabeza de humana y con el cuerpo de la cobra y hablaba con la gente.
Yo: pero… como así?
Cecilio: es que ella es bruja y se convierte en cobra en algún momento del día, no sé si todos los días. Lo que ella debió haber hecho es haberse quedado en la casa. Pero ese día parece que ella no anticipó que se iba a convertir a esa hora y la pilló en pleno mercado.
Yo: pero… obviamente no se convirtió.
Cecilio con toda la sinceridad del caso me aseguró que sí.
Roséria: Es que Joanna, hay mujeres que son brujas y se convierten en cobras. Ellas hasta vuelan, pero al volverse a transformar en humanas se caen del cielo desnudas. Mira esta..

Y de inmediato me mostró en su celular una foto que un amigo le había enviado por whatsapp de una mujer totalemente desnuda que se habia caído del “cielo”. La historia había además aparecido en el titular en un periódico local: “Bruja cae del cielo, se le había acabado la gasolina y decidió volar, pero repentinamente se convirtió de nuevo y cayó”. Roséria me mostró la foto del periódico.

La conversación se tornó un poco absurda. Recibí más de lo que pedí. Buscaba historias y recibí además dos personas que firmemente creen en ellas.

Roséria: en Angola hay mucha pobreza. Y el mayor sueño es ser exitoso, tener mucho dinero, poder tener una casa bonita, un marido lindo, carros etc. Entonces las mujeres van a los hechiceros. Y algunas nacen brujas. Y usan sus poderes para enriquecerse. Casi todas las dueñas de almacenes son brujas.

Según me cuenta Roséria, las dueñas de almacenes vuelan (como brujas, pero Roséria no especificó si en escoba y no quise incinuarle nuestros prejuicios/ideas) a Dubai u otros países, se traen la mercancía y llenan los almacenes.

Yo: Y entonces es sólo las mujeres que hacen esto?
Roséria: es que las mujeres son más calientes. Los hombres para obtener riquezas mandan a matar a alguien…

Estas historias, firmemente creídas por personas con mayor nível de educación y que trabajan temas de género, me llevó a hacer una tipología:

Las mujeres tienen más riesgo de ser consideradas brujas (nada nuevo, hasta en Europa hubo cacería de brujas y es común pensar de esta forma de las mujeres, es como un miedo a nuestro poder natural de dar vida, una conexión con la idea de que las mujeres estamos íntimamente ligadas a la naturaleza mientras los hombres a la cultura/civilización, nosotras somos emocionales, ellos racionales). Pero además, que las mujeres son más peligrosas, engañosas, estafadoras (lo de las mujeres dueñas de negocios), somos cobras: peligrosas y arrastradas. O volamos también…

Los hombres son más sofisticados, no vuelan. Contratan sicarios (racionales?). La figura masculina, cuando aparece en conjunto con ideas sobrenaturales, lo hace bajo el personaje del “hechicero”. Pero, me explicaban que el hechicero sólo hace lo que la cliente (siempre hablaron de mujeres que van al hechichero) le pide. Y después la mujer tiene que pagar sacrificando la vida de sus seres queridos. Es decir, si una mujer quiere riqueza va al hechicero. El le ayuda a conseguirla con sus hechizos, pero en recompensa, la mujer tiene que darle muertos: el marido, los hijos, la mamá… el hechicero pide la vida de los más queridos. Y las mujeres no pueden salirse del pacto. La mujer viene siendo despiadada, cruel, por la riqueza sacrifica sus seres queridos.

Roséria y Cecilio tenían muchas evidencias (profesores, vecinas, amigas, cuñadas, hijos que conocían a alguien etc) de que esto es absolutamente cierto.  Ellos mismos son los que todos los días se levantan para trabajar por la justicia de género, por el acceso de la mujer a la tierra, por el apoyo a los y las campesinas en sus reclamos y organización.

Lévi Strauss, a quien leí en mi primer semestre de antropología sonaba como un eco en mi cabeza: los mitos y leyenda son lenguaje… revelan el más alto significado que le damos a nuestro mundo. Y por otro lado me recordaba Eduardo Galeano: “Los científicos dicen que estamos hechos de átomos. Pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”.

 

 

 

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