La miradas subjetivas que alimentan los estereotipos

Publicado: 25 julio 2015 en Mujeres, Suécia

En mayo se armó un debate en Suecia cuando la corresponsal de la Radio Sueca para América Latina, estacionada en Rio de Janeiro, hizo una crónica sobre el día de la madre en Latinoamérica. Aquí está un resumen del debate. Yo escuché esa crónica en la mañana que fué transmitida y sentí tristeza de que las mujeres latinoamericanas que participamos en los movimientos de la sociedad civil y en la política, hubiésemos sido retratadas como haciéndolo a partir de nuestra capacidad de convertirnos en madres. La crónica pinta, inclusive a las presidentas de la región, como que nuestra participación política es partiendo de nuestro útero, literalmente: “Siempre han tomado el camino del útero para hacer oír sus voces”. La periodista se pasó por la faja los movimientos de mujeres que trabajan por el aborto en la región. Y en lo concerniente a Colombia, tomó los movimientos de mujeres como ejemplos de movimientos que “invocan las cualidades maternales y pacíficas de las mujeres en contraste con la guerrerista de los hombres”. IMG_20150523_155556 Mientras escuchaba me recordaba de Maria Teresa Arizabaleta, la líder de la Ruta Pacífica en el Valle, que con su potente voz en todos los auditorios donde es invitada dice que en este país se necesita coraje para hablar de paz. Es muy fácil hacer la guerra pero muy difícil hacer la paz. Y otras tantas liderezas que no centran sus discursos en las cualidades maternales. Un grupo de mujeres latinas aquí firmaron una carta protestando, y una profesora en estudios de género junto con dos mujeres más escribieron un artículo llamando la atención sobre la mirada colonialista de la periodista de las luchas de las mujeres en Latinoamérica. Pero la Radio Sueca en actitud bastante arrogante simplemente descalificó las críticas diciendo que el género de la crónica se basa en las apreciaciones subjetivas. Y ese es el trabajo de la reportera. Describir su vida y la de los demás. En su crónica, ella parte de que a sus 31 años se siente todo el tiempo mirada como una “potencial mamá”, una mujer que debería convertirse en mamá, así ella no quiera. Y después entra en todo el asunto de la participación de las mujeres latinas en la política a partir de su útero y es ahí cuando entra en las arenas movedizas de presentar apreciaciones subjetivas como hechos objetivos. Fué ahí cuando escribí mi respuesta. Pensando en todas mis amigas colombianas que activamente han decidido no ser mamás, pensando en las mujeres ex combatientes que integran el movimiento por la paz, pensando en la fortaleza de las mujeres que lideran los movimientos feministas, pensando en las mujeres en la política con las cuales también trabajé (por ej. en la campaña de Lilia Solano al parlamento andino) y que nunca invocan su vientre fértil, pensando en las mujeres que trabajan por el derecho al aborto… aquellas, cuyas ideas de la maternidad no fueron retratadas y también pensando en las presiones que de hecho sufren las mujeres suecas por ser mamás, porque esa presión que ella siente en Brasil, no cambiaría de a mucho si llegara a Suecia. Antes de la traducción de mi respuesta debo poner aquí el poema de Yajaira Gaviria Almeida, mujer de la Ruta Pacífica en el Valle que muy bién resume el punto de los movimientos de mujeres:
SOY MUJER:
Soy mujer más allá de mi vientre fértil
más allá de mi capacidad de cuidadora
Soy mujer
Y existo más allá de tu universo
Más allá de tu reductora realidad
Soy mujer Creadora, generosa
Productora de ideas y de muchas cosas
Yajaira Gaviria

LAS APRECIACIONES SUBJETIVAS QUE ALIMENTAN LOS ESTEREOTIPOS:
La corresponsal para Latinoamérica de la Radio Estatal Sueca decidió hacer una crónica sobre el día de la madre en Latinoamérica basada en sus apreciaciones subjetivas, pero el texto y la mirada que se advierte en su crónica dice más de Lotten Collin (la corresponsal) que del estado de la percepción de la maternidad en la Latinoamérica de hoy.
Cuando yo quedé embarazada, uno de los primeros comentarios en mi círculo de conocidos fue: ”que valientes son!” [al papá y a mí]. Cuando regresé a Colombia en el 2010, después de casi media vida en Suecia, caí en diferentes círculos sociales. Uno de ellos estaba compuesto de lo que yo clasificaría como ”colombianos clase media”. Fué ahí donde me hicieron el comentario.
La gente de la clase media colombiana en mi edad batalla para pagar los préstamos de estudio que han hecho, tienen generalmente un alto nivel educativo y no han ahorrado en los títulos de maestría, lo cual sale caro pero es necesario para competir en un mercado de trabajo bastante inseguro donde los contratos laborales de cinco, seis meses son la regla y no la excepción.
Tener hijos en Colombia cuesta un ojo de la cara. Desde el parto, que puede salir bién caro, todo se pone peor: pagar la guardería, las matrículas escolares etc. De tal forma que muchos y muchas alimentan otros sueños. La clase media sueca aparecería en este aspecto como completos tradicionalistas, conservadores y normativos donde de verdad se espera que el sueño de todos sea crear una familia, comprar apartamento/casa y claro: proveer de estabilidad no sólo a un hijo sino a mínimo los dos que se espera que una mujer tenga. Qué tal lo que la política económica de un estado hace con los proyectos personales de la gente? De repente, la elección activa de no tener hijos puede ser totalmente racional en una parte, mientras que en la otra la atormentan a una con la pregunta de ”cuándo viene el segundo?”.
Pero yo tenía también otros círculos sociales. Por ejemplo las mujeres de todas las edades de la organización feminista por la paz Ruta Pacífica de las Mujeres, una de las organizaciones de mujeres más grande en el movimiento de mujeres por la paz en Colombia. Ahí trabajábamos haciendo visible la violencia sexual en el conflicto armado (de hecho con hacer visible todas las afectaciones del conflicto en las vidas de las mujeres) y recoger las historias de las mujeres para una futura comisión de la verdad desde la perspectiva de las mujeres ( memoriaparavida ). Mis compañeras en el movimiento de las mujeres por la paz eran mujeres afrocolombianas, indígenas, líderezas barriales, estudiantes de la universidad, mestizas, mujeres exguerrilleras, mamás y nó-mamás, creyentes y no creyentes. De la más jóven una muchacha de 16 líder de su escuela a la mayor, Maria Teresa, 81 años (hoy), una feminista de la vieja guardia que participó en la lucha de las mujeres por el derecho al voto en los años 50. A ella le hice una entrevista en el 2011 para el portal Latinoamérica.
Decir, como Collin lo hace, que el movimiento de mujeres por la paz en Colombia trabaja ”invocando las cualidades maternales y pacíficas de las mujeres en contraste con la guerrerista de los hombres” indica sólo que ella, desde su percepción subjetiva, ha malentendido. Que el movimiento de mujeres por la paz se organice de manera exclusiva de mujeres es una estrategia consciente que es la consecuencia de un análisis de que cuando la sociedad es militarizada las estructuras patriarcales se acentúan, la fuerza física es premiada sobre otras cualidades y los cuerpos de las mujeres son literalmente convertidos en campos de batalla. No es que los hombres sean más guerreristas en sí, sino que el fenómeno ”militarismo” es patriarcal y que un movimiento que se precie de ser feminista debe combatirlo. Pero en el movimiento de mujeres por la paz también hay mujeres que han participado en la lucha armada (y asociaciones de mujeres excombatientes) y que ahora han cambiado su método, pero luchan igual por los cambios estructurales por los que luchaban cuando ingresaron a las guerrillas. Una de ellas me dijo una vez: ”luchamos bastante para que una compañera fuera comandante, ella era buena militar y políticamente, pero era muy difícil luchar contra estas ideas de que los hombres siempre fueran mejor militarmente. Ella hubiera podido ascender si hubiera sido hombre”. Sobre esas mujeres he escrito para Perspectiva Feminista.

No es que esas mujeres crean que los hombres sean más ”guerreristas”, estas mujeres saben que las mujeres también pueden llegar a ser buenas guerreras, pero que las estructuras patriarcales que existen en todos lados y en todos los campos, son obstáculos para las mujeres. La estrategia ha sido: juntarse (mujeres con mujeres) y combatir esas estructuras y representaciones. Entre otras cosas exigiendo una solución negociada al conflicto que ya está bastante largo.
Un eslabón en el trabajo por la paz es el trabajo por los derechos de las mujeres, entre otras cosas el derecho al aborto. En el movimiento de mujeres hay muchas organizaciones que trabajan este tema. Yo recuerdo especialmente una manifestación improvisada que organizamos en unas horas cuando supimos que los opositores del aborto iban a tener un ”día por la vida” en el 2013. Junto con Católicas por el Derecho a Decidir realizamos una manifestación donde nos pintamos en el estómago textos como: ”Mi cuerpo es mío, yo decido”, ”Fuera tus rosarios, de mis ovarios” etc.
Poner al movimiento de mujeres por la paz como ejemplo de un movimiento que parte del útero es simplemente… errado. Decir que [las mujeres en Latinoamérica] siempre hemos ”tomado el camino del útero” para hacer oír nuestras voces es, a lo menos, un prejuicio. Es inclusive más interesante pensar cómo movimientos como las ”Madres de la Plaza de Mayo” han transformado el concepto de ”maternidad” de tal forma que lo que comenzó como búsqueda de los hijos propios rápidamente se convirtió en búsqueda por la justicia. También es interesante como han desligado lo individual y biológico, y en vez han construído lo colectivo que ve los hijos de todos como nuestros hijos, justicia para todos. No es la maternidad tradicional que Collin describe [en su crónica] la que se encierra en la palabra ”Madres” en el nombre del mencionado movimiento. Pero eso ella no parece haberlo entendido, lo cual dice más del mundo de las representaciones sueco y la mirada que tienen de Latinoamérica y en general del Sur.
El problema con la crónica es que ella parte de estereotipos y muchas ideas propias son presentadas como hechos objetivos. La mirada sobre la maternidad no es homogénea en Latinoamérica como ella la quiere presentar [osea, hay diversas miradas sobre ella]. Y en Suecia, las mujeres mayores de 30 luchan contra el fantasma de la maternidad [y aquí pongo un enlace a un artículo donde una mujer de 37 años, muy metida en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, escribe que la presión por tener hijos es tal que se siente obligada siempre a explicar por qué no quiere tener hijos, a tal punto que piensa en decir que no puede para que la dejen en paz]. Collin debería ahora estar consciente de que en su rol como corresponsal de prensa internacional, contribuye a formar la imagen de lugares lejanos que la población sueca tiene. Y entonces puede pasar como cuando yo en el séptimo mes me vine de vacaciones a Suecia y me hicieron una pregunta inesperada: ”De verdad vas a tener el bebé allá? Se puede tener hijos en Colombia?” a lo cual me tocó explicar que de hecho en Latinoamérica también hay hospitales.

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