Escena dos en Buenos Aires – los efectos de la memoria

Publicado: 2 octubre 2013 en Latinoamérica, Memoria

– Y mirá… yo nunca he sido políticamente activa. Siempre me he mantenido al margen. Pero yo recuerdo que fue terrible. Aún sin yo estar metida en nada. Yo estaba en la facultad y al inicio llegaban diciendo: mirá si sabés que fulanito está desaparecido? Y resultaba siendo el conocido de algún conocido. Con el tiempo cada vez eran más cercanos. Y sabés quién está desaparecido? Y resultaba que era algún colega de la clase. Y a lo último, el amigo con el que yo estudiaba matemáticas, con el que me sentaba a tomar café desapareció también. Vivíamos en un estado de miedo.

Esto me lo cuenta Susana, profesora de matemáticas de la UBA, mientras va conduciendo por debajo de un puente, donde hay muchas cruces y lápidas a lado y lado del camino. Un monumento recordatorio de unas fosas que encontraron en el lugar. Y prosigue:

– Teníamos un profesor que era muy loco, un profesor de física. Y él de repente llegaba a la clase y nos decía: los sacan de sus casas, con operativos. Y después los tiran de los aviones al Río de la Plata. O al mar. Por eso están desaparecidos. Ya no los hallaremos más. Y uno estaba en ese momento pero no sabíamos nada de lo que estaba pasando. Lo que él nos decía nos parecía de ficción. Creíamos que estaba inventando porque era un loco. Pero después nos dimos cuenta de que era verdad. Era así como él decía, pero nos dimos cuenta mucho tiempo después.

Lo de los aviones es conocido hoy como los “vuelos de la muerte”. A veces las voces de la gente del común parecieran ser realismo mágico. En tiempos de gobiernos totalitarios el estado de miedo en que se sumerge a la población es completado con mitos que sostienen la barbarie. Mitos como: estamos trabajando por el bién de la patria. Estamos actuando contra terroristas. Estamos protegiendo la ciudadanía. Estamos creando seguridad. Aquí no pasa nada.
Estos mitos resultan causar un estado de confusión en la población víctima del terrorismo de estado. Confusión y miedo son mecanismos eficientes para silenciar y/o poner en entredicho al que habla.

En la sociedad argentina fueron principalmente las mujeres, reunidas en las Madres de Plaza de Mayo, las que llevaron a cuestas la tarea de hacer a la sociedad conocer y recordar la verdad de las atrocidades cometidas durante la última dictadura militar.

Las políticas de memoria en Argentina son recientes. Sólo en la última década, con la subida al poder de Néstor Kirchner, los esfuerzos de las organizaciones de víctimas y familiares de desaparecidos rindieron fruto y el Estado emprendió el trabajo de levantar la tapa que hasta ese momento había querido ocultar lo evidente: que el pueblo argentino había sido objeto de una violencia desmedida y demencial y que aún vivían las consecuencias.

Con la Ley No. 961/2002 de la Ciudad de Buenos Aires, nace por ejemplo la creación del Instituto Espacio para la Memoria como un ente autárquico y autónomo cuya función  es: “El resguardo y transmisión de la memoria e historia de los hechos ocurridos durante el Terrorismo de estado, de los años 70 e inicios de los 80 hasta la recuperación del Estado de Derecho, así como los antecedentes, etapas posteriores y consecuencias, con el objeto de promover la profundización del sistema democrático, la consolidación de los derechos humanos y la prevalencia de los valores solidarios de la vida, la libertad y la dignidad humana”. 

Anterior a esto, a través de la Ley 392 de 2000, aprobada por unanimidad en la Ciudad de Buenos Aires, se dispuso que la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) – que fué un espacio donde se torturó y despareció a aproximadamente 5000 argentinos y argentinas – con todos sus edificios debería ser destinada a la instalación del denominado “Museo de la Memoria”.
Y el 24 de marzo de 2004, el presidente Néstor Kirchner ordenó desalojar las instituciones militares del lugar y restituirlo a la ciudad para la final creación del museo. Sólo hasta el año 2007 se concretó el desalojo.

Es de anotar, que durante el gobierno de Ménem, este presentó una propuesta de ley para derribar las instalaciones de la ESMA borrando así toda huella de este Centro de Detención, Tortura y Exterminio. Las protestas de los familiares de los detenidos-desparecidos no se hicieron esperar, pues argumentaban que esta medida estaba destinada a enterrar la memoria de lo ocurrido, a no dejar rastro del sufrimiento y las historias de dolor que pudieron contar los cerca de 200 sobrevivientes. Sus historias vendrían a entretejerse en ese realismo mágico argentino, a inscribirse en la categoría de lo inverosímil.
Es en esta época también, anterior a los Kirchner, que el discurso oficial hacía boga por una reconciliación y un seguir adelante. Para los familiares esto significaba olvido. Y centraban sus reclamos en el esclarecimiento de la verdad, sus causas, sus consecuencias y la obtención de justicia.

Después de concluído el desalojo de los militares en el 2007 – no sin antes estos tratar de borrar las huellas de los sitios de tortura que aún quedaba – es construído en este mismo sitio, no un “Museo de la Memoria”, sino como los familiares lo quisieron llamar: “Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensas de los Derechos Humanos”.  Ex-ESMA, agregan varios carteles.

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Después de la conversación con Susana, ella me deja en este lugar para yo asistir a la visita guiada. Susana no quiere entrar. Sin tener familiares desparecidos ni haber sido objeto de tortura ella misma, dice que no se siente capaz de ver y escuchar. Tampoco ha visto jamás La Noche de los Lápices. Por el mismo motivo.

Habemos unas veinti tantas personas para la visita guiada de la tarde.  Nuestra guía es una mujer jóven. Nos cuenta que para ser guía deben estar en constante capacitación, que incluye entrevistas con los sobrevivientes y los familiares y asistencia a los juicios que se están realizando por toda la Argentina contra los militares que torturaron y desaparecieron.

Visita guiada en el Espacio Memoria (ex-ESMA)

Visita guiada en el Espacio Memoria (ex-ESMA)

En el momento de entrar al denominado Casino de Oficiales, el temido edificio donde ocurría la tortura, nuestra guía nos dice que no podemos tomar fotos, puesto que la justicia así lo ha decidido para no entorpecer su accionar en los juicios que se adelantan. Su comentario me hace reflexionar sobre por qué este lugar no se llama “Museo”. Generalmente, los sitios de historia/memoria (historiadores y antropólogos discuten sobre qué es qué, pero no me voy a adentrar en esa discusión ahora), como lo son los museos, son lugares también que marcan una distancia con el presente. Aún cuando las consecuencias de ese pasado que guarde un determinado Museo estén presentes aún, el concepto de Museo es más institucional, una historia contada por unos sobre otros. En este Espacio Memoria, donde además tienen asiento las organizaciones de H.I.JO.S contra la Memoria y el Olvido y los familiares de desparecidos, la memoria es como un velo que arropa el presente y lo transforma tangiblemente.  En los juicios se obtiene constantemente información nueva para los familiares de desaparecidos, la Argentina sigue identificando cuerpos y descubriendo nietos que han sido robados por los militares. Algunos de ellos nacidos aquí en la Ex-ESMA. En este Espacio inclusive trabaja uno de los sobrevivientes que fué torturado aquí.  La Memoria en este espacio nó es algo muerto, sino algo en constante evolución, algo cambiante y en construcción.

“Hace poco, haciendo un trabajo en el sótano, uno de los trabajadores descubrió una marca que habían hecho en la pared. Era el apellido de un detenido y la organización política en la que militaba, el Partido Comunista. Entonces buscamos sus familiares. Resulta que él sobrevivió, y con esto pudo saber que durante un tiempo de su cautiverio había estado aquí. El no lo sabía, porque siempre había estado encapuchado en los traslados” – nos cuenta la guía.

El Casino de Oficiales es un edificio, de tres pisos y un sótano. En el primer piso había entre otras cosas, un comedor para los oficiales, una aula para eventos y oficinas. En el segundo, dormitorios para los oficiales. En el tercero, estaba “Capucha” y “Capuchita”, dos espacios donde se mantenían a los detenidos-desparecidos. El nombre se lo pusieron los mismos militares y hace mención irónica a la capucha con la que cubrían la cabeza del detenido/a. Estos dormían en pequeñas celdas sin posibilidad de poderse parar, sólo podían sentarse o estar acostados. Estaban siempre vigilados y sin posibilidad de ir al baño si no cuando el guardia dispusiese. También acá había una sala de maternidad, donde se calcula que unas 30 mujeres dieron a luz con ayuda del personal médico de la Armada. Sus hijos eran tomados por los militares que se los apropiaban. Las madres eran devueltas a Capucha o Capuchita y posteriormente seguían el destino de muchos de sus compañeros de celda: iban directo a los vuelos de la muerte que salían desde un aeropuerto cercano a la ESMA.

Es en la capucha donde se toma real conciencia de que el contacto con el mundo exterior ya no existirá más. El prisionero no tiene nada que lo proteja o defienda. La soledad es total… Esta sensación de desprotección, aislamiento y miedo es muy difícil de describir. Debe ser sin embargo lo más cercano al infierno” Testimonio Ana María Martí, de 1979.

Pero antes de llegar a Capucha y Capuchita, los detenidos-desaparecidos, eran llevados a las salas de tortura que funcionaban en el sótano y que se puede visitar. No es un lugar muy grande pero los militares se las ingeniaban para no sólo tener salas de tortura sino también imprenta donde los detenidos que supieran de la técnica eran obligados a ayudarles para la realización de papeles falsos, redacción de propaganda para el régimen militar, traducción (por aquellos que sabían otros idiomas) de textos, etc.

La visita dura en total tres horas a través de las cuales no sólo la guía narra sino que también se pueden ir leyendo los testimonios de gente que estuvo secuestrada aquí. Utilizo el término secuestro, porque ese lo utilizan los familiares, que indican que lo que ocurría eran verdaderos secuestros, la gente era sacada de sus casas ilegalmente y traídas aquí.
A lo largo del país existen más Centros de Detención, Tortura y Exterminio (como se llaman) que han sido recuperados para la memoria. Espacios que son testimonio de que lo que decía el profesor de física no era fantasía ni ficción. Que mientras los militares decían estar salvando la patria ( y aún lo dicen en los juicios), miles de argentinos y argentinas estaban siendo torturados, exterminados por su forma de pensar. La violencia era dirigida contra aquellos que tenían ideas de izquierda (y caía gente que no estaba involucrada en política pero que tomaban por equivocación y/o como parte de un plan de esparcir miedo). De hecho, en estos secuestros los militares robaban los libros de los detenidos y en ocasiones se jactaron de tener la “biblioteca marxista-leninista más grande de la Argentina”. Iban específicamente por libros que les confirmara que sus detenidos merecían ser exterminados, según la doctrina militar.

El hecho de que estas personas fueran desaparecidas y nó simplemente asesinadas, tiene que ver con una concepción militar del control social.  César, un amigo estudiante de antropología lo describe así:
“La desaparición forzada […] es un dispositivo de control social, aplicado por sistemas políticos que reconocen el valor y la importancia de la explotación y la “administración” del miedo y la negación de la muerte como mecanismos para quebrantar formas de resistencia social.”

El estado de miedo que describe Susana, que le afectaba aún no militando en organizaciones, se agrava cuando no se sabe quién es el siguiente en desaparecer. Ni a qué hora pasará. Si sería sacado/a de su casa o interceptado en la calle. Tampoco se entendía lo que realmente pasaba con estos desaparecidos. Ni cuerpos eran hallados. Si no hay cuerpo, no hay delito. Y si no hay cuerpo, existe también un rayo de esperanza. La incertidumbre es un aspecto más del miedo. Pero la esperanza es un motor aún más poderoso que en últimas llevó a los familiares de detenidos-desparecidos a no desfallecer en su lucha por la verdad y la justicia.

Los cuatro conceptos sobre los cuales se basa el trabajo de memoria en Argentina es: verdad, justicia, compromiso y memoria.

Al preguntarle a la guía sobre dónde quedó la reconciliación, me dice:
“No. Lo que se dice es que se quiere justicia. Hasta ahora los familiares mantienen el enfoque: aquí no queremos ni perdón ni olvido. Nosotras no nos reconciliamos, no perdonamos, queremos castigo. No olvidamos”.

Y bajo estas premisas se adelantan los juicios, y se van encontrando los nietos…

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Los rostros de los que no volvieron.

Los rostros de los que no volvieron.

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