La facha de extranjero/a

Publicado: 16 julio 2013 en Migración

Ayer sostenía una conversación con un amigo salvadoreño que llegó a la edad de 2 años a Suecia. Habla sueco perfecto, muchas veces tiene que recurrir al sueco cuando sostiene una conversación en español, estudió en Suecia, ha trabajado internacionalmente (entre otras cosas en Colombia), y tiene un puesto importante en una entidad estatal aquí.

Me decía: ” De 200 empleados que hay en la sección donde trabajo, sabes cuántos son extranjeros/as?”
Yo: “Hmmm… – y calculando el racismo bárbaro en la sociedad sueca, las barreras de vidrio que llaman- contesté: 15?”
El: “Yo”.

De 200, uno extranjero.

Estocolmo. El fondo de nuestra conversación.

Estocolmo. El fondo de nuestra conversación.

Pero qué tan extranjero? Llegó aquí a la edad de 2 años! Qué recuerdos puede tener de su Salvador? Extranjero porque es moreno, porque carece de ojos azules, porque creció con dos padres que le hablaron español, porque comía fríjoles y arroz… quizás. Pero la sociedad sueca en general se niega a aceptar que una persona que haya vivido toda su vida aquí, que inclusive quizás haya nacido aquí, pueda sentirse “sueca”. Y por tanto ser sueca.

Hace un tiempo, en las clases de antropología en Brasil, nos decía el profesor de antropología política (que entre otras cosas nos mandó a leer “Casa Grande e Senzala” a los extranjeros/as para entender mejor el Brasil), que en Estados Unidos, un afroamericano pobre, seguirá siendo un afroamericano aunque logre estudiar y logre conseguir dinero y llegar a posiciones de poder. Después llegó Obama y pues demuestra que sí es como el profesor decía. Puede ser muy presidente, pero sigue siendo afroamericano. En los ojos de afroamericanos y americanos/as.
Pero que en Brasil, la cosa no era tan así, según el profesor. Un afrobrasilero pobre, se “enblanquece” cuando adquiere educación (y digamos “urbanidad y buenos modales”) y sube en la jerarquía de clases; es decir gana dinero, ocupa puestos importantes etc. El afrobrasilero rico, es visto como blanco por la sociedad, y este trata a toda costa de mantener su estatus blanco consumiendo cultura blanca (usando el término cultura aquí como comodificaciones, artículos, arte, música etc). Esto también me pareció coherente con la historia de mi profesora de portugués Martha, afrobrasilera en una familia de profesores, que contaba que a su madre le encantaba la música de carnaval y su mayor sueño era bailar en el carnaval de Río con todo el bling-bling y brilloso atuendo, pero sus padres le tenían estrictamente prohíbido escuchar esa música y siquiera acercarse a ver el carnaval porque siendo ellos afrobrasileros pero en una posición alta, aquello los “ennegrecería”. Los haría negros, bajarían su estatus. Martha nos contaba en clase orgullosa, que su madre cumplió su sueño de bailar en el carnaval, en el ala de las bahianas de la escuela de Samba Viradouro de Niterói, a la edad de 81 años. Cuando quizás para ella, ya no era tan importante seguir manteniendo la fachada blanca.

Esta historia se me vino a la cabeza pensando en los inmigrantes en Suecia. Los “cabeza negra” como nos llaman despectivamente. He notado que hay dos ideas fuerza que se disputan el debate sobre la “suequidad”. Cuándo somos suecos y suecas?

Ni siquiera los adoptados/as pueden contarse como suecos/as, puesto que en los puestos de trabajo pueden ser contados entre la “cuota inmigrante”, como me contaba mi amigo sobre su lugar de trabajo, donde en otra sección, una mujer adoptada, pasaba a ser “inmigrante” en las cuentas de la entidad.

Las dos ideas son: la sueca. Sueco o sueca, es aquél o aquella que tenga padres suecos/as, que haya nacido en Suecia, que tenga aspecto físico sueco, que hable sueco sin acento extranjero alguno, que “piense” sueco – ej: ser ateo/a, no ir a misa sino únicamente para enterrar al muerto, no saber bailar, escuchar música sueca, británica y gringa, pensar que son lo mejor en cuanto a equidad de género y justicia social, vestirse de una forma particular – muy gris dirían en Colombia-, caminar de una forma – con mala postura, encorbados -, leer mucho – unos 12 libros por año -, hablar del tiempo cuando no tenga de qué hablar, preferir ir a tomar que a bailar, llegar a tiempo, ser muy parco en palabras, ir al grano, nunca hablar con extraños sino estás borracho/a, nunca cortejar sino estás borracho/a, quejarse del invierno- pero extrañarlo cuando está viviendo en un país tropical-, pensar que “democracia” sólo verdaderamente hay en Escandinavia, Inglaterra y Estados Unidos… de los demás países conocer más o menos que son una gran masa expulsadora de gente- gente que resulta después siendo vecina tuya, hablando mal tu idioma y construyendo templos cerca de tí…

Así, es muy difícil ser “sueco/a” para cualquier inmigrante. Inclusive para los adoptados/as porque aún cuando tengan toda la parte cultural, el idioma y hasta los padres suecos… siguen careciendo del aspecto físico sueco.

La otra idea es la de los inmigrantes como mi amigo: “Osea, yo soy sueco, esta es mi casa, este es mi país y me importa un carajo lo que digan los pinches racistas”.

Osea, sentirse sueco o sueca porque se viene consumiendo cultura sueca, forma de pensar sueca etc, que al final, según este sector, debería contar como “suequidad”.

Yo: “Pero vos me acabás de decir que el único “extranjero” en tu sección sos vos, osea… sos sueco o extranjero?”.
El:  “Pues me cuentan como extranjero… y por eso digo que soy el único extranjero. Y políticamente es bueno visibilizar cuántos de los que la sociedad sueca ven como “extranjeros” trabajan aquí. Pero nadie me ha preguntado si me siento sueco, a lo que yo respondería que sí”.

Hé ahí. La gran mayoría de “extranjeros/as” en posiciones de poder o con buenos puestos, aquellos que escriben en los periódicos y demás, son en realidad gente muy “sueca” en su forma de pensar y que hablan perfecto el sueco. En realidad, lo que tienen de sus países… se va erosionando poco a poco en el contacto explosivo que se produce con la sociedad sueca. Una sociedad que cada día exige más y más “suequidad” y se cierra a lo diferente, a la vez que cada día habla más y más de “diversidad” y “pluriculturalidad”. Palabras que vienen sonando huecas cuando ves que de lo que se trata es de asimilar, de ser tan sueco y tan blanco como sea posible… de limar el acento, de limar el pensamiento.  Lo que hace el afrobrasilero que se “enblanquece” con los títulos universitarios, el dinero y los puestos.

En muchos artículos escritos por extranjeros/as en los periódicos suecos, noto cuán importante es para ellos y ellas resaltar su “suequidad”. Es decir: subrayar que han crecido en tal y tal barrio sueco (sí, aquí hay guetos, los de inmigrantes y los de suecos), subrayar que hablan sueco sin acento extranjero, que se graduaron de tal y tal escuela, etc etc. Aún cuando el objetivo de aquellos artículos es resaltar la perspectiva “inmigrante”.

En los ojos suecos, de la sociedad sueca, ellos y ellas efectivamente sí resaltan la perspectiva inmigrante: tienen pieles oscuras, cabellos negros, ojos oscuros.

Pero, desde la perspectiva del que llega, del que vive en el gueto, del que no habla bién sueco, del que aún no asimila la forma de pensar sueca… esas personas son respresentativas de su grupo?

Le decía a mi amigo ayer: el haber regresado a vivir en mi país de orígen, en mi ciudad, mi pueblito, en medio de aquellas ideas, sonidos, canciones, creencias, mitos etc que llenaron mi niñez y parte de mi adolescencia, después del jalón de orejas que me pegaron algunas veces mis coterráneas (Ahora estás pensando como europea! Detenete y observá vé!), reflexiono que esto me sirvió justamente para problematizar aquello de la “suequidad”, el enblanquecimiento al que nos quiere someter la sociedad sueca a todos aquellos y aquellas que algún día vinimos aquí solicitando refugio.

El reto está en deconstruir la “suequidad”. En romperla, hacerla explotar porque es muy estrecha y ahí no cabemos todos y todas. Porque no nos permite ser quienes somos, porque toma muchos años de blanqueamiento en un proceso que nunca es suficiente para la sociedad sueca. Porque es un proceso imposible. Porque gastarse una vida intentando ser sueco o sueca de la forma que lo ha definido la sociedad sueca, limando el idioma y el pensamiento es inútil desde el punto de vista político. Quizás pueda ser útil individualmente, pero las soluciones al racismo, el clasismo y el sexismo no son meramente individuales.

Y jamás podremos cambiar el color de nuestros ojos. Y nuestra facha de “extranjeros y extranjeras”.

Pero aún así, deberíamos poder ser suecos y suecas, sentir este país donde muchos de nosotros vivirán por la eternidad, también como el nuestro.

//

Y una canción fantástica que ha servido para el título de esta entrada:

comentarios
  1. Alberto Gómez dice:

    Me gusta mucho su artículo porque refleja la complejidad que atraviesa la vida de los inmigrantes y lo cerrado de muchas sociedades, incluso de las que tienen la imagen de si mismas de ser abiertas y de acogida, como la sueca. Tal vez lo único que no comparto de tu texto es cuando dices: “El reto está en deconstruir la “suequidad”. En romperla, hacerla explotar porque es muy estrecha y ahí no cabemos todos y todas”. Que pasaría si aplicáramos esta frase a otras culturas (árabes, orientales, indo-americanos, africanos y no a la sueca? No crees que además en esto de la “suequidad” hay un gran riesgo de generalización? Recuerdo esa frase de Churchill cuando le preguntaban su opinión sobre los franceces y él respondía: no lo sé, no los conozco a todos…
    Hay que tener cuidado con cultiva una actitud de racismo compensatorio o vengativo, seguramente ese no es su propósito.

    • Joanna dice:

      Gracias por tu comentario! – Hubiera sido excelente que ese comentario de Churchill fuera dirigido sobre su propio pueblo – los ingleses – pero entendiendo la historia de rivalidad entre ambos pueblos, creo que él estaba siendo más irónico que cualquier otra cosa…
      Creo que hay un malentendido: cuando digo “deconstruir la suequidad” no me refiero a “destruirla”. Me refiero a que tiene que ser redefinida, reacomodada etc, porque tal y como está ahora, las ideas dominantes de “suequidad” son terriblemente excluyentes y nó corresponden a la nueva Suecia, un país de 9 millones de habitantes donde cerca de 1,5 millones tienen raíces en otras partes (inmigrantes, hijos/as de inmigrantes, adoptados/as, con uno de los progenitores extranjeros etc).
      En toda sociedad hay una flora de ideas. Pero hay ideas dominantes. Es claro que mi deseo no es “generalizar” sobre los y las suecas, pero sí existe unas ideas dominantes sobre lo que es “ser sueco/a” y esas ideas quedaron al descubierto con la aprobación de la ley REVA donde la policía tenía vía libre para requisar y parar a todo aquél que sospechara que no fuera sueco/a para hacer controles de migración, nó en la fronteras, sino en los barrios, en el metro y demás sitios públicos. Mucha gente se incomodó por eso y con razón, el estado policial hizo su aparición en contra de todo lo que no le pareciera “sueco/a”: la gente que no tuviera aspecto físico sueco. El gobierno defendió a través de sus ministros la medida fachista. Pues cuántos verdaderos “nuevos suecos” por decirlo así no cayeron en las redadas de la policía?
      Ese es un claro mensaje de qué es “suequidad” para el Estado. Ojos azules y cabello rubio. La verdad, una medida bastante grotesca.

      No se trata claro de cultivar “una actitud de racismo compensatorio”, por el contrario, estoy en contra de toda clase de racismo, y las ideas nacionalistas y definiciones muy estrechas de culturas nacionales (suequidad, colombianidad, chilenidad etc) son un peligro siempre para grupos que no se sientan incluídos/as en esas definiciones. Así que esta idea de deconstruir esas ideas de nacionalidades, revisarlas por así decirlo, creo que sería muy bienvenida en otras partes donde existen problemas de exclusión de gurpos étnicos, racismo etc etc…

      Saludos,

  2. Oscar P. dice:

    Hola! Llegué a tu blog a través de un comentario de Elkin en Facebook. Escribes muy bien sobre un tema que preocupa. Sin embargo, cómo es en realidad el sueco? Esto escribí hace un tiempo en mi perfil de Facebook:

    Vad är svenskheten i dag? Inte det SD tror i alla fall. Det är att äta sushi, kebab, pizza eller köttbullar, det är att dricka vin från Spanien, Italien, Sydamerika eller Australien, det är att titta på filmer från USA, Frankrike eller Indien, det är att gifta sig med en latino, tailändska, svenska eller afrikan, det är att dansa till musik från hela världen, att resa på semester till Brasilien, Sri Lanka eller Dalarna, att köra koreanska bilar eller Volvo, att bry sig om folken i andra delar av världen som har det sämre ställt, att värna om miljön ur ett globalt perspektiv, att vara vit, gult eller svart, att jobba sida vid sida med bolivianer, eritreaner, kineser eller syrianer och lära sig av deras kultur medan dem lär sig av våra. Den svenskheten ska vi värna om och underhålla, för vad trist vore Sverige annars, eller hur?

    Yo creo que el problema es más que nada formal, que el sueco en general, sobre todo en las grandes ciudades, se ha ido adaptando paulatinamente a que la sociedad es multicultural y multiétnica. Trabajo como consultor de informática y en mi empresa somos muchos los extranjeros y extranjeras y no nos tratan de forma diferente. Sé que en algunos lugares de trabajo no es así aún pero no me cabe duda de que ésto cambiará pronto. Llegué a este país hace más de 30 años y los cambios durante estos años son notorios. No hay que tirar la toalla. Después de todo, Roma no se construyó en un día…

    • Joanna dice:

      Gracias por compartir tu opinión!
      Yo llegué hace 16 (pero los últimos 4 he vivido otra vez en mi país).
      Creo que hay que diferenciar por un lado qué es la ideas de “suequidad” (el qué significa ser sueco) y por otro lado cuál es el lugar de Suecia en el mundo. Suecia por ser un país pequeño tiene intenso comercio con muchos países, sobre todo europeos, y multinacionales en otros muchos. El hecho de que un sueco coma pizza o kebab, no hace a la pizza “sueca” o al “kebab” sueco, de la misma forma que en Colombia llamamos con “Nokia” o “Samsung” pero tampoco transformamos esas marcas en colombianas, o según las ideas dominantes de colombianidad, nó nos hace más colombianos comer en McDondalds, mientras que seguramente se experimentaría como más colombiano comer arepa. Me entiendes?
      Aquello demuestra más la magnitud del comercio internacional (que por cierto es una empresa bastante racista, donde empresas de ciertos países explotan la mano de obra de otros países, generalmente países en el sur o destrozan las economías del sur como con los tratados de libre comercio). Hoy en día, en casi todo el mundo nos ponemos ropa hecha en China, zapatos hechos en China, usamos computadores hechos allá etc… y el uso de todo esto nó nos hace más tolerantes o respetuosos de otras culturas, de otras gentes. Tristemente, muchos ni siquiera se preocupan de en qué condiciones se están produciendo esos artículos.

      El sueco que viva en Estocolmo, indiscutiblemente tiene más contacto con inmigrantes (aunque sea viajando con ellos/ellas todos lo días en el metro), que un sueco de pueblo. Y de hecho, generalmente los primeros amigos suecos y suecas que los inimigrantes tenemos son gente activamente interesados/as en otras culturas, gente que le gusta los idiomas, curiosos etc. Pero son por decirlo así, una subcultura dentro de la cultura sueca. Gente que se inscribe en los cursos de salsa, que le gustan los hombres africanos o latinos, que ha trabajado o vivido en otra parte, etc etc.
      Mi escrito de la suequidad lo baso nó en esa gente, sino en ideas dominantes sobre lo que significa ser sueco. Tanto en lo que comunica el Estado como lo que se vive en los “guetos” suecos, que llamo.

      Pero claro que nó hay que tirar la toalla! – Pero tampoco bajar la guardia. Ya hay un partido abiertamente racista en el parlamento (heredero directo de ideas nazistas) y según las cuentas pueden crecer en las elecciones del próximo año.

      Saludos!

  3. Gabriel Lara dice:

    Interesante artículo!

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