En el día de madres… recordémoslas a ellas…

Publicado: 13 mayo 2013 en Mujeres

… Y no dejemos pasar este puente festivo con día de la madre incluído sin escribir unas cuantas líneas.

Se equivocaron los que creen que voy a halagar a mi mamá y a todas las madres.  Se equivocaron también los que creyeron que le voy a dar gracias a Dios por darme el don de ser madre. Se equivocaron si creyeron también que iba a decirles que ser madre es lo más hermoso y maravilloso que existe y que las madres somos las más afortunadas del planeta por ser justamente madres.

Se equivocaron.

Hoy, en día de madres quiero decirles que admiro y respeto mucho a todas esas mujeres que decidieron no ser madres, aún a costa de toda la parafernalia y la presión social que existe sobre las mujeres para que nos convirtamos en ello. Todas aquellas mujeres que se pararon en la raya y dijeron: No, gracias. Tengo otros planes para mí. 

Para ellas no hay un sólo día de gloria en el calendario del mercado que mueve un día como el “de la madre”.

Pastillas anticonceptivas

Pastillas anticonceptivas

El rol de “madres” ha sido impuesto a las mujeres por la cultura patriarcal y muy pocas opciones se nos ha dejado. O nos convertimos en madres, o de lo contrario somos unas fracasadas; por no haber podido encontrar un marido con quien procrear. Ser madre es el rol más alabado de una mujer en la cultura patriarcal y, por tanto; no es extraño que nos eduquen a las mujeres para añorar ser madres. Se nos dice e internalizamos que sólo siendo madres nos realizamos. Los hombres se pueden realizar en sus profesiones, trabajos… de muchas maneras. Para la mujer, la realización pasa por ser madre. Los otros roles nos los pintan como menos llamativos: ser puta, monja o loca [pero hoy muchas mujeres estamos descubriendo que por lo menos las putas y las locas siempre fueron más libres que las madres abnegadas].

La cultura patriarcal no sólo nos ha dejado el rol de madre como el más “digno” que podamos tener y al que podamos aspirar, sino que además define cómo debemos ser madres. Es bién sabido que hay malas madres y buenas madres. Estas definiciones de buenas y malas madres son también impuestas culturalmente… en realidad, poco hemos podido las mujeres influir en sobre cómo y cuándo queremos ser madres… hasta hace sólo unos 40 años, cuando el movimiento feminista empieza a deconstruir aquello de ser madre y a defender a capa y espadada también la opción de no serlo.

Todo empieza en el antes de la gestación. Los niños y las niñas son criados/as de forma diferente y llegan a su primera relación sexual desde dos puntos distintos. Sabiendo que si algo pasa y resulta un embarazo la culpa, el estigma y la responsabilidad estarán del lado femenino. Sea consciente o inconsciente la decisión de convertirse en madres, las mujeres (de todas las edades) que enfrentan un embarazo tendrán sobre sus hombros una responsabilidad infinitamente más grande que el padre procreador. Y eso a nuestra sociedad patriarcal, no le interesa cambiar. Los padres sienten poca presión social y legal de responder por sus hijos e hijas. Las demandas de alimentos en Colombia se han convertido en una herramienta muy débil para hacerlos  pagar materialmente por su responsabilidad cuando los acuerdos constantemente son incumplidos sin que el sistema judicial haga sufrir las consecuencias al delincuente. Existen entonces malos y buenos padres, sin embargo, social y jurídicamente al mal padre no se le castiga (la ley castiga en el papel pero de ahí a la práctica…). Una gran cantidad de hombres pasan por la vida siendo malos padres sin que lleven ningún estigma por ello. Pero ay! de la mala madre…

En países como Colombia, además todavía estamos debatiendo si las mujeres embarazadas violadas, o cuya vida emocional o física corre peligro, o aquella embarazada de un feto con graves problemas de formación, tienen el derecho de interrumpir su embarazo. Ni hablar entonces de la posibilidad de que a una mujer sana, no violada se le permita decidir sobre su embarazo cuando este resulta de que se rompió el condón, que haya quedado en embarazo pese a tomarse la pastilla, se le haya olvidado tomársela o que aquello del coito interrumpido no funcionó… (aquí pueden echarse la bendición si quieren, pensar en un aborto en esos casos! que horror! )

El discurso de la maternidad en la cultura patriarcal define el ser madre ante todo como un sacrificio, un dejarlo todo y entregarse completamente al cigoto, feto y más tarde al niño o niña nacido. Una mujer madre debe estar dispuesta a entregar su vida por su cría, un padre nó. Desde el mismo momento en que ocurre la fecundación al interior del cuerpo de la mujer, ese cuerpo femenino deja de tener valor por sí mismo, para entrar a valer sólo y únicamente como incubadora. Cualquier decisión que tome ella que no sea dar vida a ese conjunto de células, será catalogada bajo el rótulo más fuerte que la sociedad patriarcal pudo encontrar: ASESINATO. Y como tal a esas mujeres se les quiere enviar a la cárcel con prontitud. Cosa que es difícil de hacer cumplir cuando se trata de la monstruosa cantidad de padres irresponsables que nunca han encontrado forma de ayudar a sostener a los hijos e hijas que engendraron.

El mismo parto ha sido tomado de un golpe por la cultura patriarcal, que poco a poco dejó de lado la sabiduría heredada por siglos de las matronas  y parteras y las ha relegado hoy por hoy al sitio de lo exótico y “alternativo” o al territorio rural. Hoy en día la mujer promedio en la ciudad vive su parto de una forma muy distinta a lo que hicieron nuestras abuelas. Encerrada en un hospital con buenos o mediocres equipos, dependiendo del caso y del hospital, es atendida principalmente por hombres ginecólogos o ginecólogas que reproducen prácticas patriarcales. La medicalización del parto ha alejado a la mujer de su propio parto y convierte su cuerpo en un cuerpo enfermo. La mujer embarazada no es vista como una mujer sana, sino como una mujer enferma físicamente, es una paciente. Y como paciente debe simplemente seguir las indicaciones del médico. Presentar un plan de parto a un médico ginecólogo, donde como mujer embarazada, explique qué quiere y cómo quiere su parto, es fuente segura de conflictos con el personal médico. Lo viví en carne propia.

El cuerpo de la mujer nunca le pertenece a ella. Ni aún pariendo. O menos aún, pariendo. Es común escuchar en las salas de parto a las enfermeras y doctores decirle a las mujeres en trabajo de parto que no griten, que no giman, que en medio del dolor, paran en silencio. Estóicas. “Señora, no se acucliye”, “Señora acuéstese en la camilla”, “Señora, no haga así” … no haga asá. “Aguántese las ganas de pujar”. Constantemente las órdenes dadas a las mujeres les recuerdan que el control del parto lo tienen otros, el personal médico. Aún siendo una experiencia tan propia de la corporalidad de la mujer y de su sensibilidad, a la mujer no se le pregunta. Simplemente se le ordena.

Después del alumbramiento la ahora madre, debe seguir unas pautas. Nunca jamás expresar una crítica a “La Maternidad” que es sacrosanta y perfecta o correrá el riesgo de transgredir; es decir, pasar la raya y ya no ser más considerada una “buena madre“. Constantemente las mujeres resaltan sólo y únicamente la parte positiva de ser madres. Esa es la parte que todos y todas quieren escuchar. Y repitiéndola hasta el cansancio construimos un discurso de la maternidad que realmente reproduce estilos de madres abnegadas que cargan con un peso muy mayor la responsabilidad del haber engendrado. El peso de ser madre es infinitamente superior al de ser padre.

Las partes negativas (poquísimas horas de sueño durante los primeros meses, una sensación angustiosa  de estar atada a la casa, el descubrimiento de que sin un compañero activo en la paternidad es muy difícil, casi imposible, tener tiempo para sí misma, etc etc ) son activamente silenciadas. Cuando intentaba hablar de las partes negativas de ser madre, sobre todo en los primeros meses de vida de mi bebé, la gente respondía: tú cambiaste tus horas de sueño por esa sonrisita que te despierta en la mañana. O: la madre dá todo por su bebé, esos son detalles. Eso es lo que es ser madre, entregarlo todo.  Pueda que sean detalles pero son detalles importantes en la calidad de vida. Afortunadamente tengo un compañero activo y el peso y responsabilidad de haber engendrado lo intentamos distribuir equitativamente. Pero otro es el cuento en muchos hogares colombianos. Para nombrar sólo un ejemplo:  hace dos semanas en casa de una amiga madre de una niña de 10 meses, ella tuvo que prepararle el almuerzo a la familia a la misma vez que intentaba jugar con la bebé en la cocina y después ayudarle a la bebé a comer mientras ella misma almorzaba. El padre de la niña mientras tanto jugaba juegos en el computador y después se sentó tranquilo a comer el almuerzo servido por su compañera. Obviamente que las mujeres se vuelven muy buenas en hacer varias cosas al mismo tiempo cuando tienen que hacer varias cosas al mismo tiempo. La práctica hace al maestro. Y a la madre.

El trasfondo de este discurso patriarcal de la maternidad ha sido el control de la sexualidad femenina que el patriarcado quiere tener. El control de la sexualidad de las mujeres es una herramienta muy significativa cuando se trata de controlar toda la vida de las mujeres y construir el tipo de mujeres que le sirven al patriarcado. Mujeres sumisas, abnegadas, que den todo por los demás y estén para servir. Las buenas mujeres, nos dice el patriarcado, hacen el amor en la posición del misionero (ellas abajo), se controlan de expresar su gozo sexual (si es que lo tienen cuando normalmente sus parejas ni se preocupan si ellas gozan o nó), generalmente se le pide a la mujer nó gozar (la que goza es la puta, y ella no es una buena mujer). El sexo debe ser para procrear (nadie se ha perdido de las declaraciones del senador Gerleim sobre que la función del sexo debe ser procrear y nó tener fines recreativos, como sí lo tendría el sexo entre homosexuales).
El sexo para procrear deja a las mujeres en una cárcel: en su humanidad ansían tener sexo (aunque existen seres asexuales, según un nuevo movimiento, respetable), pero no pueden tener sexo si no están a la vez dispuestas a procrear. El fin de la mujer es procrear y convertirse en madre. Y en este punto Freud lo dijo muy patriarcalmente: el destino de la mujer es su cuerpo.  Pam! qué encierro!

Por eso dice el feminismo que la revolución más grande que ocurrió en el s. XX vino de la mano del invento de la pastilla anticonceptiva que le permitió a la mujer tener control sobre su sexualidad. Que le permitió abrir las cadenas de su encierro corporal y concibir el sexo con fines recreativos: por placer.

Para ser más claros: le permitió a la mujer separar sexo del sacrosanto dictámen social y cultural de ser madres.

Por eso, hoy, ser madre puede ser un acto político.  Soy madre cuando lo decida.

Pero la resistencia patriarcal no dá tregua. Aún teniendo estos métodos para controlar nuestra sexualidad, hay resistencia para impartir cátedra de educación sexual a los muchachos y muchachas. Nos dejan vagando en los mitos y  tabúes. En las creencias y los prejuicios. Por ejemplo; podemos las mujeres exigir condón en una relación? (el discurso ahora es que para los caballeros no se siente igual… ejem, ejem!) Qué se piensa sobre la mujer que lleva condones a la fiesta… por si acaso?, los más conservadores opinan que la pastilla del día después sigue siendo un asesinato (aiich! que leveza con la que se usa esta palabra a veces). También abundan casos como el de Rocío, de 52 años, separada hace 10 de su esposo golpeador.  Me decía en entrevista que le realicé en octubre pasado, que su esposo le prohibía tomar pastillas anticonceptivas porque “eso era de putas. Me decía que yo las tomaba para poderme acostar con otros y por eso me las botaba. Cada relación para mí era un martirio porque yo ya no quería tener más hijos”. Rocío tuvo 5. Y un aborto clandestino.

La resistencia al derecho de las mujeres sobre su sexualidad también pasa por lo más subtíl: y cuándo te vas a casar? y cuándo van a tener hijos? Ya tenés 30 años, no te está sonando el reloj biológico? Y a la que ya ha tenido un hijo: y cuándo vas a tener el segundo? Una no puede dejar un niño solo, deben tener hermanitos. Esta última es la presión que hoy por hoy estoy capoteando.

Y aunque mi decisión de ser madre fué racional y estudiada, y todos los días la veo como un acto político (fuí madre cuando me dió la gana y mi regla es tener sexo por placer – oh! no se hagan los mojigatos!) y además tengo un compañero que también entiende a la perfección que tiene una responsabilidad compartida de ser padre, y entiende que no voy a dejar todo por servirle a mi hija y a él (el mejor ejemplo que le puedo dar a mi hija es cumplir mis metas y sueños, de la misma forma que quiero que ella cumpla las suyas en el futuro)… tengo que decir que admiro y respeto mucho a las mujeres que decidieron muy firmemente no ser madres. Aquellas que todos los días capotean este sistema patriarcal y sus presiones. Aquellas que entendieron que ser madres sólo les iba a incomodar en su realización personal. Y ni les cosquillea sentarse a tejer zapaticos, cambiar pañales, hacer teteros y alquilar niñeras para poder cumplir sus sueños. Las que demuestran todos los días que no existe ningún instinto maternal que las mujeres tengan por biología (al diablo patriarcal con su biología!):

Salud por ellas!

Postdata: Y aquí hay más lectura sobre el día de la madre como fiesta patriarcal:

Día de la Madre: la festividad que Excélsior inventó para luchar contra el feminismo. 

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