Maduro y el triunfo del Chavismo

Publicado: 16 abril 2013 en Latinoamérica

Los resultados a hoy lunes 15 de abril de las elecciones en Venezuela son los siguientes: Maduro 7.573.747 votos, lo que equivale al 50,75% de la votación. Capriles obtuvo 7.298.491, lo que equivale al 48,97% . Maduro entonces ganó por 275.256 votos, es decir amplió la distancia de 234.000 y pico de votos de diferencia que le daban ayer domingo. La diferencia en porcentaje quedó en 1,78%.

Nicolás Maduro ganó.

Ahora mis reflexiones sobre este triunfo:

1.- Es un triunfo? Ayer la respetadísima analista política colombiana Claudia López decía que en realidad Maduro perdió. En su tweet de comentario a las elecciones, basado en los informes del CNE del domingo decía: “Capriles obtuvo cerca d 800.000 votos más q con Chávez, mientras Maduro perdió cerca d 500.000 votos. Perdió el chavismo. Ganó la oposición”.

López pone este triunfo en otra óptica, en realidad, la ganancia de votos de facto de Henrique Capriles en estas elecciones respecto a las de octubre, merece que se piense en él como un ganador. Y en la oposición como ganadora. 800.000 votos más serían el respaldo.

Parecería lógico pensar así. Y puede que tenga razón Claudia López y demás analistas que expresaron opiniones parecidas. También lo llegué a pensar.

Ya con la cordura que dá el día después, pienso que no es tan fácil sacar esa conclusión. El cálculo matemático frío nos dice que en efecto hubo más votos para Capriles esta vez que en octubre pasado. Sin embargo, el análisis de contexto nos dice que estas elecciones fueron las primeras sin el líder máximo del chavismo y del proyecto bolivariano. Nicolás Maduro, se mostró en la campaña bastante “viche” por así decirlo, para tomar el rol de líder. Su oratoria es mala, la forma en que condujo la campaña fué a mi parecer demasiado emotiva más que programática, tratando de apoyarse en la imágen del líder muerto – lo cual para algunos analistas debía ser lo más lógico y era lo que muchos se esperaban de él para rendirle votos. Yo considero que esa no fué la mejor estrategia, puesto que evidentemente, Maduro no puede reemplazar el carisma de Chávez y su elocuacidad. Debió llevar a cabo una campaña más ideológica, haciendo énfasis en que aún cuando las ideas del líder continuarían, con él se iniciaba una nueva fase de construcción del socialismo bolivariano. Haciendo más énfasis en su programa de gobierno a futuro, obviamente siempre recalcando en que la ideología del socialismo bolivariano marcaría el camino. La idea es que, Maduro no puede reemplazar a Chávez y eso lo entienden los venezolanos.

Esa estrategia de emotividad en campaña subvaloró a los venezolanos/as y mostró un Maduro que no daba la talla. De ahí que la votación no le diera una holgada diferencia.

Sin embargo, yo me temí una diferencia aún menor por esa mediocridad en campaña. El hecho de que Maduro hubiese ganado con más de la mitad de los votos, lo cual en sistemas electorales con doble vuelta le hubiera dado la presidencia en primera vuelta, dá cuenta de que el Chavismo sobrevive sin su líder, aún teniendo un mal orador, un candidato “viche” al frente. Se imaginan un Maduro con elocuacidad cuánta diferencia le hubiese sacado a Capriles?

Maduro ganó a punta de pura creencia en un nuevo sistema, en un nuevo paradigma post-capitalista. Y de que ese sistema sobrevive al gran líder. No es poca cosa. El chavismo ganó.

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2.- Mi segundo punto va encadenado al primero. En Latinoamérica, la tradición es que la derecha nos gobierne. Las excelentísimas señorías de Latinoamérica, como diría el Ché, han no sólo gobernado políticamente, sino también culturalmente nuestros pueblos. Esas élites racistas, misóginas, feudalistas, corruptas y violentas (en algunas partes más violentas que en otras) no han tenido pudor en realizar golpes de estado e imponer dictaduras militares cuando se les ha dado la gana para imponer un modelo económico avasallantemente depredador que nos ha dejado con las sociedades más desiguales del mundo. Esas élites, desde México hasta Argentina, nos han dado la pauta cultural para pensar en alguien como “elegible” y “no elegible”. Un muchacho blanco estudiado en Harvard o Yale que nos diga que el mercado libre es la panacea será siempre un “elegible”. Un chofer de bus, un indígena, un negro, una mujer entran definitivamente en la categoría de “no elegibles”. Y aún peor si ponen en entredicho la economía de mercado.

Gramsci, que realizó análisis culturales y estudió el concepto de clases dominantes y élites políticas, decía en su teoría de la “hegemonía cultural” que la burguesía (clase dominante), no sólo gobernaba políticamente, sino que lo hacía y se mantenía en el poder por un pilar importante: porque desarrollaban una cultura hegemónica, es decir; propagaban sus propios valores y normas morales, sus propios gustos en todos los ámbitos de la cultura (música, formas de vestir, aspiraciones en la vida etc) de tal forma que todos estos valores, normas y gustos se volvían “sentido común”, se normalizaban como los valores, normas y gustos de todxs lxs ciudadanxs. De esta forma, las clases dominadas, o clases obreras (aunque ahora en esas clases obreras también debamos incluir los ejércitos de informales y desempleados que ha creado el sistema) identificaban como su “propio bién”, el “bién” de la burguesía, y ayudaban así a esta a mantenerse en el poder. En términos sencillos: los de abajo que nunca han gobernado, aprenden a identificarse con los de arriba que siempre han gobernado en muchos sentidos, sobre todo, ven los intereses de las élites, como los suyos propios. Cuando obviamente estos intereses no coinciden.

Siempre he pensado que la teoría de la cultura hegemónica de Gramsci es muy válida para sociedades tan desiguales como las que imperan en varios países de Latinoamérica. Gramsci además identifica a la Iglesia Católica como un elemento reproductor y fundamental para esta cultura hegemónica que ayuda a mantener a las élites (católicísimas y muy creyentes por demás) en el poder.

Romper estas estructuras culturales – políticas y mentales – es un proceso necesario para cambiar el sistema capitalista (ya en crisis visible en Europa y Estados Unidos), por otro modelo económico como el que pretende el socialismo del siglo XXI. Un modelo que no se enfoca en el libre mercado y que quiere crear nuevas lógicas, como el principio de la solidaridad (contrapuesto a la competencia).

Ese proceso inició con Chávez, un hijo de clases trabajadoras, que creció con pocos medios. Un “no elegible”. Se inició en 1999 cuando es elegido presidente por primera vez en un país hastiado de la corrupción de los gobernantes de siempre. Un golpe de gracia, de suerte, de protesta contra esa élite. Lo cierto, es que esa élite no recobró nunca más el poder durante el resto de la vida de Chávez. 14 años. Muy poco tiempo para romper un sistema de hegemonía cultural bién arraigado.

Llega un ex-chofer de bus, ex-sindicalista, otro “no elegible”, presentado por el partido socialista. Y aún cuando aparantemente hereda unos votantes convencidos, le toca trabajar para convencer. Y no lo hace del todo de manera individual. Sin embargo, obtiene una victoria sobre aquél que el “sentido común” dice, debe ser el ganador.

Nicolás Maduro no gana las elecciones por ser él. Gana por lo que ha empezado a hacer el chavismo en las mentes de las clases trabajadoras de Venezuela. Entre aquellos que no han tenido el poder que durante la era Chávez se sintieron empoderados/as. Elegir a Maduro significaba continuar con el proceso de empoderamiento de esas clases de abajo. Empezaron a identificar que tienen propios intereses, y que esos intereses no coinciden con los intereses de las clases élites que representa Henrique Capriles Radonski.

Es tanto así lo que ha logrado el chavismo para cambiar el paradigma cultural y político en Venezuela, que Capriles, representante de la clase burguesa que busca recobrar el poder, ha tenido que empezar a basar su discurso de acuerdo al discurso chavista, prometiendo por ejemplo que no iría a acabar con las misiones sociales, uno de los proyectos sociales más emblemáticos del chavismo.  Esto se llama poner la agenda. Que el chavismo, una ideología abiertamente en contra del mercado, por las nacionalizaciones de recursos naturales etc, imponga una agenda y erija las “misiones sociales” como “intocables”, es un triunfo muy grande. Es empezar a mover un paradigma. (Contraste esto con Colombia: el tema del modelo de desarrollo neoliberal basado en una explotación de los recursos mineros y firmas de TLC es un “intocable”. Un tema tabú, aquí el modelo de desarrollo no se discute, el grueso de la gente identifica que los TLCs son algo bueno que está en su interés, cuando la realidad es muy distinta. Quienes critican este modelo de desarrollo son en realidad una minoría).

El hecho de que Maduro haya ganado con tan sólo un 1,78% por encima de la oposición, no muestra debilidad. Muestra a mi parecer una fortaleza, puesto que el chavismo y su proyecto socialista, en tan sólo 14 años, ha empezado a producir una masa crítica que identifica cuáles son sus intereses. Y votan por protegerlos, aún cuando el nuevo líder no sea el mejor orador y no haya realizado una estupenda campaña. Y eso no es poca cosa. La ruptura de una cultura hegemónica tarda, razonablemente mucho tiempo. Muchísimo tiempo. Se basa en la pedagogía y en la educación política de las masas normalmente excluídas del debate político. Opino que el chavismo mostró que sí lo está haciendo, y sí se puede.

3.- Hubo fraude? No hay indicios de fraude y no se ha realizado una acusación formal de fraude. La poca diferencia de votos (poco más de 275.000) ha llevado a que se cause sospecha sobre la veracidad de los resultados. Era lógico que esto iría a suceder. Las derechas normalmente ponen en entredicho las victorias absolutorias, aquellas que muestran que más de un 90% de la población votó por sutanito. Y también era de predecir que tampoco aceptaran una victoria apretada. La derecha no está acostumbrada a perder! Más recientemente Honduras y Paraguay constituyen ejemplos indignantes en que presidentes democráticaemente electos son derrocados a través de o golpes militares y otros métodos por unas élites recalcitrantes que nunca se querrán ver en la oposición, lugar reservado a la izquierda y ojalá como diminuta oposición como en el caso Colombia. La élite venezolana está tragando amargo.

El sistema de la Democracia siempre ha servido a las clases dominantes, quienes siguiendo a Gramsci, imponen una cultura hegemónica que facilita obtener votos para sus representantes. De tal forma no necesitan “dictadorsitos”, puesto que la dominación es mucho más subtil cuando el grueso de la población se identifican con ese minúsculo grupo y votan por ellos.

Por las razones arriba expuestas, yo veo sana una diferencia pequeña. Venezuela muestra que su sistema democrático está funcionando, aunque nó como la burquesía, que aborrece el chavismo, quisiera. Eso muestra un sano debate sobre sistemas políticos más que sobre personajes. Además, el chavismo significa una ruptura de hegemonía cultural que debe tomar mucho más de 14 años. En Venezuela, la revolución socialista se está haciendo en las urnas. Es obvio que demore para ganar más holgadamente. Una diferencia de 1,78% entre Maduro y Capriles muestra que el debate por modelos de país es fuerte y se está llevando por los medios pacíficos. Como debería ser. Como debería suceder en Colombia también, tendiendo ambos espectros de la política debatiendo y exponiendo sus ideas ante un público cada vez más consciente y educado políticamente.

Otras victorias apretadas:

– John F. Kennedy contra Nixon ganando con una diferencia de 112,827 votes, or 0.17% of popular vote.

– Elecciones de 2006 en México; Felipe Calderón (de derecha) le ganó a Andrés Manuel López Obrador con un margen de 0,56%. – En estas elecciones se presentaron irregularidades y se acusó fraude, sin embargo las excelentísimas señorías de Latinoamérica no pidieron reconteo de votos.

– En países como Suecia, con un sistema parlamentario, durante las elecciones de 2010 el bloque de derecha, conformado por 4 partidos obtuvieron: 49,82 % de la votación mientras que el bloque de izquierda con conformado por 3 partidos obtuvieron 43,6%. Para una diferencia de 6,22%. Un poco más holgada pero que también mostraría un país “polarizado” como se quiere mostrar a Venezuela en varios foros.

Estos fueron solo unos ejemplos. Faltan muchos (George W. Bush le ganó por una diferencia mínima a Al Gore en la campaña presidencial en USA). Lo interesante es mostrar que una diferencia pequeña no es nada del otro mundo y se presentan en países que recibieron el rótulo de democráticos hace rato ya.

Pero las elecciones en Venezuela no son muy normalitas. Incumben a todo un continente. Todo el mundo estaba y está de ojo en Venezuela y el triunfo de Maduro se quiere poner en entredicho a toda costa. En Colombia hay indicios de fraude en todas las elecciones  y nadie de las excelentísimas señorías viene a pedir recuento. Aquí el compro del voto es toda una institución, y nadie se rasga ya las vestiduras por esa indecencia. Pero ahora sí se las están rasgando por el vecino país.

Ya en otras partes del continente, la prensa de derecha dominante empieza a alinearse con la idea de un golpe, y aportan su grano de arena preparando las mentes de los y la latinoamericanas. La Globo del Brasil es un buen ejemplo.

Que la oposición venezolana pida recuento y no acepte el resultado ante la pequeña diferencia, era de esperarse. Lo preocupante es que las élites heridas de los demás países estén afilando su artillería discursiva… sin contar qué otras artillerías.

Me parecería, desde mi humilde opinión, que Maduro debería darles gusto. Que debería también pedir el reconteo para ratificar su triunfo. En Venezuela están siempre muchos observadores internacionales, es ya conocida la alabanza que le hizo el ex-presidente Carter al sistema electoral venezolano como uno de los mejores del mundo (siendo él de otra ala política). El país vive procesos electorales a menudo con casi un referendo por año para su política de democracia participativa. Uno de esos referendos se trataba de revocar el mandato de Chávez y lo ganó en el año 2007. Sólo en una ocasión perdió el chavismo: en el 2004 cuando perdió por sólo 120.000 votos el referendo para reformar la constitución; lo cual incluía ampliar los poderes del Estado y permitir la reelección presidencial sin límite. En esa ocasión, el pueblo consciente y educado políticamente de Venezuela, le dijo a Chávez que nó. Y el chavismo aceptó su derrota. Mínima pero la aceptó.

Yo sí creo que Maduro ganó estas elecciones limpiamente. No hay indicios que señalen lo contrario. No hay indicios acusados formalmente y eso lo debe realizar el querellante. Es más, la victoria apretada se convierte desde mi perspectiva en una señal de que fué así, por las causas antes expuestas.

Según distintas fuentes un reconteo de votos sólo reafirmaría el triunfo de Maduro. Ya de hecho se han recontado el 53% de los votos, según lo normal que se hace y confirmado que la votación sí es cierta y no hay fraude.  De contarse el 100%, como la oposición quiere y confirmar el triunfo de Maduro, este podría empezar a gobernar con un poco más de tranquilidad. Aunque la oposición en casa y las altas alcurnias latinoamericanas no lo dejarán nunca en paz. Así como no dejaron en paz a Chávez. No pueden tolerar haber perdido el poder en un país tan rico y estratégico como Venezuela.

Aquí, Vicente Díaz, funcionario del CNE y antichavista, dice en entrevista de la Bluradio (oír audio), diciendo claramente que no hay evidencia de fraude, aunque demanda que hubo irregularidades de otro tipo. Un reconteo arrojaría por tanto un mismo resultado. Sin embargo, esas irregularidades denunciadas, deben ser investigadas y sancionadas (propaganda política de Maduro cerca a los centros de votación etc).

4.- Habiendo dicho lo anterior me voy a la crítica del Chavismo.

La crítica es necesaria para crecer y evolucionar.

– Nicolás Maduro, presentado por algunos analistas como el verdadero cerebro detrás de la integración regional (que me parece uno de los proyectos más loables e interesantes del chavismo desde mi perspectiva de colombiana), es con toda seguridad una persona capaz. Su historia como sindicalista, amigo y militante del chavismo desde sus inicios, ex-canciller venezolano, le dá herramientas para liderar como presidente. Pero debe conscientizarse de que no empezó bién. Sus apariciones en públicos, sus discursos demasiado emotivos y con altas dosis de exotismo (pájaros que hablan, Chávez que mete mano desde el cielo para elección del papa etc), no suenan muy bién. Chillan. Quizás sea cuestión de inicio. Opino que Maduro no se debe esforzar por emular a Chávez, quien era espontáneo en sus discursos. Maduro debe encontrar su propio estilo. Su oratoria debe mejorar. El discurso de victoria de ayer estaba muy flojo. Debió basarse más en contarle a los y las venezolanas lo que iba a hacer en su gobierno, más que enfrascarse en cuentos de procentajes. Debió hablar como un presidente y nó como un candidato.

Es menester revisar las tendencias nepotistas que se evidencian en el chavismo.  La izquierda no puede reproducir la cultura corrupta y clientelista de la derecha. Las formas de hacer política deben cambiar como parte de un proceso de cambio cultural. Es claro que en Latinoamérica (conozco de cerca los casos de Brasil, Ecuador y Colombia, y por estudios los de otros países) la idea fuerza de que debo ser leal con mi amigo o mi familiar y por tanto arrastrarlos conmigo al cargo que les pueda conseguir es la forma de hacer las cosas. El nó hacerlas de esa forma muestra una conducta sancionable duramente: la deslealtad e ingratitud. No hay nada más feo en la cultura latinoamericana que ser ingrato y desleal con los amigos/as y familiares.  Nos hemos educado en que el clientelismo y el nepotismo, es la forma de ganar apoyo, de ganar seguridad (laboral, política y económica). Es dificilísimo de romper con estas prácticas. Pero es necesario porque hace parte de un proceso de educación política donde la política consitituya verdaderamente una herramienta para alcanzar el bienestar de la sociedad y no sólo el bienestar de los míos y de mi grupo. Donde la gente sienta esperanza de que si es bueno/a en lo que hace, muy posiblemente podrá realizarse dentro de su profesión y esto no dependerá de en qué familia nació y qué contactos puede poner en su hoja de vida. Y el cambio de estas prácticas se debe dar desde la cúpula, desde aquellos/as que lideran.

– La izquierda en la que se puede enmarcar el Chavismo, debe también preocuparse por crear instituciones y líderes que perduren con una lógica anti-capitalista y anti-patriarcal. La formación de líderes es una garantía de continuidad. Y estos deben provenir también de aquellos sectores que tradicionalemente han sido catalogados como “no elegibles”: indígenas, negros, mujeres…

La Constitución que impulsó Hugo Chávez en 1999 le abrió un marco jurídico mucho más favorable a los indígenas de Venezuela. Las mujeres venezolanas, sobre todo, las mujeres de las clases trabajadora y otras clases dominadas,  han mostrado su aprecio por el chavismo que las ha incluído en los procesos sociales y políticos. Esta ruta hay que seguirla y profundizarla.  Otros sectores, como el llamado LGBTI, deben también aportar a la formulación de políticas del chavismo y ser líderes.  El chavismo debería preocuparse por hacer más visibles a estos grupos  a través de incorporarlos como representantes, líderes que con su sola presencia van marcando un cambio de paradigma sobre quienes pueden hacer política, quienes son “eligibles”, qué intereses tienen esos grupos en particular, cómo se puede construir un país donde quepan todos y se vean todos y todas? La inclusión de grupos tradicionalmente excluídos de la arena política pública, impulsa un cambio poderoso en la mente de las personas, en las lógicas en las que se recrea la sociedad y en la forma de entender la política. Que esta sea ya nó un medio para salir adelante yo misma y los míos, sino un medio para buscar la la vida digna y propender por la felicidad de todos y todas.

Y la Post-Data: Al terminar de escribir esta entrada, leo que se están presentando actos de violencia en Venezuela después del cacerolazo al que convocó el candidato derrotado Henrique Capriles.  Muy lamentable y preocupante esto. A la luz de lo que grupos de derecha han iniciado a pedir en Colombia, y de que los golpes militares se han posicionado como una alternativa plausible y práctica impune para poner la casa en órden, desde la perspectiva de derechas, leo estos actos vandálicos, más que como un clamor por reconteo, como una oportunidad de crear caos y violencia para salirse con la suya por la via que sea. Los democrátas del mundo, deben llamar a la oposición venezolana a la cordura. Si hubiese un derramamiento de sangre, la responsabilidad debe recaer sobre la derecha que quiso resolver las cosas por la violencia. Henrique Capriles, como líder de la oposicioón, debe llamar a la calma!

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