Belleza y debilidad: una herencia para las oprimidas

Publicado: 8 marzo 2013 en Mujeres

Hoy hablemos de belleza y debilidad.

Sigamos a Mary Wollstonecraft (1759-1797).

“Debo descender a las menudencias del tema. Lamento que las mujeres sean sistemáticamente degradadas al recibir las atenciones insignificantes que los hombres consideran varonil otorgar al sexo, cuando en realidad apoyan insultantemente su propia superioridad. No es condescendencia doblegarse ante un inferior. De hecho, estas ceremonias me parecen tan ridículas que apenas puedo contener mis músculos cuando veo a un hombre lanzarse a levantar un pañuelo con solicitud ávida y seria o cerrar una puerta, cuando la dama podía haberlo hecho con moverse un paso o dos”.

El “caballero” se conoce por su solicitud “ávida y seria” por ayudar a una dama, tanto en la época de Wollstonecraft como en la nuestra. Muy a menudo cuando voy a comprar cosas en el supermercado, me gusta ejercitarme llevando las bolsas caminando a mi casa. En mi mente voy pensando que caminar me fortalece físicamente, llevar las bolsas fortalece mis brazos. Son sólo 15 minutos de camino. Máximo. Puedo hacerlo en menos. Muy a menudo veo caras que me miran como preguntando: “en serio vas a llevar esas bolsas vos sola? (y agrego la lógica: mujer débil?). De vez en cuando hay un hombre solícito a ayudarme con las bolsas. A lo que acostumbro a responder: gracias, yo soy capaz.

Este “caballero” nos quiere abrir la puerta del carro, la puerta de la casa, nos quiere levantar lo que se nos ha caído, nos quiere pagar la cuenta en el restaurante.

Recordemos: “no es condescendencia doblegarse ante un inferior”. La cortesía y la caballerosidad (que van de la mano y muchas veces tienen significados entremezclados) no es un acto de amabilidad, como quiere pasar disfrazado; es un acto de superioridad.  Entre iguales es imposible encontrar la cortesía y la caballerosidad. Si un hombre llevara las bolsas, ningún otro hombre se acercaría  con “solicitud ávida y seria” a ayudar a llevárselas. Se razonaría, que si aquél hombre escogió llevar las bolsas caminando, obviamente y como ser racional que es, ha pensado que puede llevarlas solo. Sin embargo, en cuanto se trata de una mujer, se estima que esta no puede llevarlas sola, por que no es suficientemente fuerte. Pero además, y aunque ella se haya aventurado a hacerlo, todavía cabe la duda, pueda ser que ella no haya pensado bién las cosas y se entere de que efectivamente no es capaz físicamente. Porque es débil, por naturaleza.

La cortesía y la caballerosidad no se presenta entre iguales. Un hombre no le paga la cuenta en el restaurante a otro hombre por un acto de “caballerosidad”, más bién se puede presentar como un verdadero acto de amabilidad o intercambio de favores, y se esperaría que el otro retribuya este acto con otro acto de amabilidad pagando la cuenta en otra ocasión (u otro tipo de favor: mover sus hilos burocráticos, ayudar en un negocio etc). El hecho es que sería muy difícil encontrar una relación de un hombre que constantemente le pague la cuenta en el restaurante a otro. (Aquí me dirán que cuando ocurre con la mujer el acto de caballerosidad tiene la finalidad de meter a esa mujer en la cama y no siempre como un signo de mostrar poder económico frente a ella- lo cual no le quita el ser un acto de superioridad aún: pagar por favores sexuales, yo pago porque tengo poder económico, y tú me ofreces tu cuerpo. Y primero soy cortés y caballero, porque me hace sentir “más hombre” y además un “buen hombre” – en todo caso, superior a tí). E igual, entre mujeres no se vé este acto de “caballerosidad” de pagarle la cuenta a otra mujer en el restaurante más que por puro intercambio de favores o verdaderos actos de amabilidad. Además por que nosotras no podemos ser “caballeros” – como la palabra “caballerosidad” en sí implica, es un asunto de caballeros.

La debilidad física siempre nos la ha achacado en cara el sistema patriarcal a las mujeres. Que no tenemos igual fuerza física que el hombre. Esta idea hace parte de un entramado de ideas que históricamente nos han relegado a ser “el segundo sexo”, el “sexo débil”. Es más, lo usan como una razón por la cual somos inferiores a ellos; el mito vá (no puede salirse de un mito y conjeturas porque todo ocurrió en la prehistoria) que los privilegios fueron inclinados hacia aquellos que podían salir a cazar y por tanto era para los más fuertes físicamente. Lo que el patriarcado no nos explica aún, es porqué esta situación persiste cuando a través del proceso civilizatorio el trabajo físico ha sido degradado a ser un trabajo para inferiores: esclavos y esclavas, trabajadores y trabajadoras. Y aún lo es, el que más plata tiene no necesita ni lavar los platos, ni sus calzones, para limpiar la casa tiene una (en casi todos los casos) mujer del servicio que lo hace ( no que el esfuerzo físico era para ellos? qué pasa en la relación entre ejecutivo y empleada?) y la tecnología nos ha dado máquinas de lavar para evitar el trabajo físico. Si la civilización cada vez más relega la fuerza física a un esfuerzo malpago y sin estatus, por qué insistir en que las mujeres tenemos ese “defecto” de no poseer fuerza física. Al son de hoy ese debería ser un detalle sin importancia.

Mary Wollstonecraft escribió: Vindicación de los derechos de la mujer. En 1792.

Mary Wollstonecraft escribió: Vindicación de los derechos de la mujer. En 1792.

Sigamos a Wollstonecraft:

“Pero si la fuerza corporal es con cierta razón la vanagloria de los hombres. Por qué las mujeres son tan engreídas como para sentirse orgullosas de un defecto?”

Nos orgullecemos del defecto de ser débiles? Sí (recuérdese que estoy hablando en términos generales, a mí y otras mujeres individualmente no me enorgullece y por el contrario entreno mi fuerza física para mejorarla). La cultura nos empuja constantemente a considerar la debilidad física como un motivo de orgullo, porque la debilidad está íntimamente ligada con la idea de la belleza, el único camino trazado para las mujeres desde la antigüedad, el único objetivo per se que nos ha dado la cultura: ser bellas (para poder ser elegibles como madres, lo cual nos dá cierto estatus en la sociedad frente a la “solterona” – que por demás nos la pintan como vieja amargada).  Nos han educado ( y lo hemos internalizado muy bién – he ahí la gran fuerza de la ideología del poder) que ser bellas significa ser delicadas, comparables con las rosas y demás objetos tiernos y fáciles de quebrar. Por tanto desde niñas, nos dicen que no nos ensuciémos, que no juguemos “brusco”, que ese juego es para “niños”, no se nos alienta a entrenar el cuerpo físicamente porque una mujer con músculos marcados es una mujer fea. Ser bellas es ser débiles (o aparentar ser débiles); ser femeninas. La misma palabra femineidad se construye de los adjetivos más asociables a debilidad: tierna, delicada, dócil. Simplemente bella. (Los libros de autoayuda sobre cómo encontrar el amor y o cómo llevar bién una relación nos dicen que debemos dejar que el hombre nos proteja, o por lo menos hacérselo creer, porque ellos tienen la necesidad de sentirse fuertes que aparentemente les viene de tiempos prehistóricos de cuando eran cazadores… y nosotras por eso debemos ser débiles. O pretenderlo.)

Qué nos dicen hoy 8 de marzo de 2013?: nos felicitan por ser mujeres (como si aquello fuera un logro! nacimos mujeres y no lo escogimos, pero sí  es un logro todos los días ser la mujer que la cultura nos ha impuesto: abnegadas, siempre poniendo el bién de la familia y de los otros por encima del nuestro, tiernas y delicadas, esforzándonos siempre por complacer los deseos de los hombres; tener lista la comida, o manteniendo un cuerpo deseable de ser llevado a la cama para el placer sexual del hombre … etc). Nos dicen que somos seres bellos. La conclusión de la Belleza. Ayer veía una entrevista que le habían hecho al fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez, y le pedían dcir lo primero que se le venía a la mente cuando escuchaba distintas palabras. Cuando escuchaba belleza, Chávez respondió que pensaba en “mujer”. Quizás la única cosa en la que izquierdistas y derechistas, ateos y no ateos hubieran podido estar de acuerdo con Chávez.

Sigamos a Wollstonecraft:

“Según la modificación presente de la sociedad, el placer es el asunto central de la vida de una mujer, y mientras continúe siendo así, poco puede esperarse de esos seres débiles. Heredada la soberanía de la belleza en descendencia directa del primer bello defecto de la naturaleza, para mantener su poder tienen que renunciar a los derechos naturales que el ejercicio de la razón les había procurado y elegir ser reinas efímeras en lugar de trabajar para obtener los sobrios placeres que nacen de la igualdad. Exaltadas por su inferioridad (parece una contradicción) demandan constantemente homenaje como mujeres, aunque la experiencia debía enseñarles que los hombres que se precian de conceder este respeto arbitrario e insolente al sexo, con la exactitud más escrupulosa son los más inclinados a tiranizarlas y a despreciar la misma debilidad que animan”. 

Oh Wollstonecraft! quién lo hubiera podido decir mejor? El placer que produce ser llamada de “bella” y ser como lo dicen en inglés “fuckable” (buena para tirar, deseable para el acto sexual en palabras más elaboradas), elegible como novia, esposa, madre de los hijos de un hombre, vendría a ser el asunto central para las mujeres de la época de Wollstonecraft (cabe resaltar que Wollstonecraft se refiere aquí de las mujeres de su clase burguesa, pero la tiranía de la belleza atraviesa las clases sociales, y las mujeres de clase baja aunque en condiciones materiales distintas, también eran sujeto de lo que les imponía la cultura: conseguir un buen proveedor para la casa, para lo cual siempre es mejor ser agraciada físicamente, o esforzarse por ello).
Pero tampoco es totalmente ajena esta idea para muchas mujeres de nuestra época. La cultura nos continúa diciendo que si a los 30 años no hemos por lo menos conseguido una pareja, lo más probable es que nos quede muy difícil competir con mujeres más jóvenes, en el auge de su belleza. Lo mismo no se le dice a un hombre, él puede tener la edad que quiera y siempre ser un potencial buen partido.  Hay que aprovechar mientras estamos jóvenes, mientras tengamos aunque sea algo de belleza para asegurar un marido. Y lograr ser madres! Que en fin, es el deseo más alto de cada mujer! (nos dicen los códigos culturales – recuerden, lo peor que le puede pasar a una mujer es quedarse solterona, sin hijos/as. Sola! – bueno, por demás la soledad es tema aparte en nuestra cultura colombiana -podría decir latinoamericana- y tampoco es bueno para un hombre quedarse solo, pues igual necesita de una mujer que lo cuide en su vejez; la solterona en cambio debe buscar un hombre no para que la cuide en su vejez -labor que le debe tocar a otra mujer -, sino para que le den placer sexual, porque justamente por eso corre el riesgo de convertirse en una amargada!).

En fin, que la herencia de cargar a cuestas estas ideas de debilidad física y belleza nos dejan en una desventaja significante con los hombres. Aún cuando hemos alcanzado entrar a la universidad e incursionar en campos antes vedados para nosotras, las mujeres seguimos siendo medidas por nuestra apariencia física o nuestra destreza o nó de poder conseguir un hombre. Por demás que es difícil ser una mujer en el poder y mantener a un compañero al lado, lo cual no ocurre en el sentido contrario. Los hombres (otra vez, en términos generales) no aguantan tener mujeres políticamente fuertes al lado. Hace unos años razonaba sobre esto con unas mujeres en la política en Bogotá y de als seis que habían en la mesa (entre senadoras, políticas locales y líderes de ONGs), ninguna había logrado mantener la relación sentimental con el padre de sus hijos/as. A una de ellas, que ya pasa los 40, algunos de sus compañeros había intentado acercársele, y como ella tiene claro que no quiere tener relaciones sentimentales con sus compañeros, el rumor que echó a andar uno de ellos es que ella era “lesbiana”. La lógica además va, en que estas mujeres después de los 40 deberían sentirse halagadas cuando un hombre les hace una propuestapara decirlo en lenguaje puritano: indecente. Porque estas mujeres ya no son bellas en el sentido clásico de los canónes culturales. Así que deberían “agradecer” que alguien se les acerque (otra forma de actuar de la tiranía de la belleza!).

Cerremos con la propuesta de Wollstonecraft que la veo muy actual aún (tenáz que aún no movamos esos cimientos patriarcales lo suficiente!):

“Y si se concede que la mujer no fue creada simplemente para satisfacer el apetito del hombre o para ser la sirvienta más elevada, que le proporciona sus comidas y atiende su ropa, se seguiría que el primer cuidado de las madres o padres que se ocupan realmente de la educación de las mujeres debería ser, si no fortalecer el cuerpo, al menos no destruir su constitución por nociones erróneas sobre la belleza y la excelencia femenina. Y no debería nunca permitirse a las jóvenes asimilar la noción perniciosa de que un defecto puede, por cierto proceso químico de razonamiento, convertirse en una excelencia”. 

La educación de las niñas. En los años 90s estudié mi bachillerato en un colegio “para señoritas” en Cali. Nos enseñaban mecanografía, contabilidad y a tejer, además de las materias básicas. La idea era que seríamos secretarias! (qué tal?). Siempre debíamos tener el uniforme limpio, las uñas limpias etc. Yo un día le dije a mi padre que yo en realidad no entendía porqué no nos decían que íbamos a ser jefes! Durante siglos hemos educado a las niñas para que sean bellas, limpias, hacendosas para así después poder ser buenas amas de casas. Y después le agregamos, buenas secretarias. Si dejamos las ilusiones ahí… hasta ahí llegamos.

Wollstonecraft propone un cambio en la educación de las niñas. Dejémoslas que cultiven el cuerpo y la mente. Que entrenen deportes y piensen. Dejémoslas ser fuertes, subirse a los árboles, escalar, ensuciarse, pelear con los niños, que se prueben físicamente. Dejémoslas que lean filósofos, literatura, ciencia etc. Si metemos a las niñas en su urna de cristal a jugar con princesitas y barbies que son “bellas” y “delicadas” y siempre esperan por el príncipe que las va a salvar, las estaremos encausando a un modelo de debilidad y belleza que seguirá perpetuando la situación de desigualdad inevitablemente. Si los niños tienen compañeritas que juegan a su lado y que responden a sus juegos, también ellos irán divisando otro mundo. El uno y la otra irán probando sus capacidades y desarrollandose más que como sexos, como humanos.

PD: los textos de Wollstonecraft son tomados de “Vindicación de los derechos de la mujer” de su autoría.

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