La búsqueda

Publicado: 26 agosto 2012 en Libros, Mujeres

Niña de clase burguesa capitalina. Jóven aplicada, estudiosa. Monja. Rectora del Marymount de Bogotá, Barranquilla y Medellín – en su orden cronológico. Educadora de niñas de la alta sociedad. Debatora activa dentro de la Iglesia de asuntos eclesiásticos. Viajera. Integrante del ELN. Ex-integrante del ELN. Defensora de Derechos Humanos. Feminista.

Todo eso fué y es Leonor Esguerra. Una mujer colombiana que hoy sobrepasa los 80 años y cuya historia personal se enmarca en el conflictivo siglo XX colombiano.

Inés Claux Chaquiry es la autora del libro. Ella es arquitecta y nó escritora. Se nota. Pero es la amiga de Leonor y quien tuvo la brillante idea de consumar en un libro las experiencias e historia personal de su amiga. Se demoraron más de 25 años desde concebida la idea hasta que el libro alcanzó las librerías colombianas. Años durante los cuales Inés, peruana, viajaba a encontrarse con Leonor y grabar sus testimonios que después fueron consumados en estas páginas de forma muy simple y a veces demasiado textual, sin muchas herramientas literarias para hacer fluir más el texto.
Quizás esta es mi mayor queja al libro, que los testimonios fueron plasmados en el texto tal y como fueron grabados sin realmente haber hecho un proceso literario para hacer una prosa más fluída, más rica, más poética… más bonita.

Pero nó por eso deja de ser un texto interesante de leer… pues los relatos se tratan de nuestra historia y la vida de Leonor ciertamente es impresionantemente rica y emocionante. Además porque ella reflexiona sobre todos los pasos que dió en la vida, con la serenidad de una mujer madura pero a la vez con la pasión de una soñadora incansable. Hay que imaginarse que Leonor está en la casa contando lo que dice ahí…

Inés comienza el texto en Nicaragua, cuando Leonor llega bajo otro nombre a ese país y es puesta a cuidar las operaciones en una cárcel de mujeres del reciente gobierno revolucionario. Es ahí cuando se conocen y se vuelven muy amigas. Es la primera mitad de la década de los 80s y Leonor ya no es una muchacha inocente. Hace parte de la Comisión Internacional del ELN y su ida a Nicaragua se hace necesaria porque la policía colombiana la busca.

Para llegar a ser quien es a esa altura de la vida toca contar la historia. Y así nos devolvemos a su niñez en una casa burguesa, con madre y padre conservadores pero nó intransigentes. Muy devotos eso sí. Es la Bogotá de los años 30 y las mujeres tienen muchas limitaciones para su educación. A Leonor se le educa pero con el criterio muy fuerte de que será esposa. Leonor se sale por la tangente y se vuelve monja. Una elección que se muestra muy sabia con el tiempo, pues por ahí puede seguir educándose, estudiando, se vuelve hasta intelectual (!), viaja por el mundo en los congresos eclesiásticos, pertenece además a una orden de hermanas del Sagrado Corazón de María y se educa en un convento en Nueva York.

Al regresar a Colombia Leonor se estrella con la realidad de su país. Y ahí ocurre una transformación interna que la obliga a repensarse su vida y su rol en su país. La pobreza de la gente en Colombia que ella nunca “vió” antes de salir muy jovensita al convento en Nueva York se vuelve a su regreso un detonante en su ser. Empiezan las preguntas incómodas: por qué nunca había visto esta pobreza? por qué la gente vive así? qué puedo hacer yo?

Leonor sigue su camino como monja con esas preguntas retumbándole al oído. Y son esas preguntas las que la hacen tomar decisiones que la meten en aprietos varias veces. Como madre superiora del chicanerísimo colegio Marymount de Bogotá, la madre María del Consuelo (su nombre de monja) quiere formar niñas – todas son de la alta sociedad – más conscientes sobre la situación de su país. El planteamiento es este: estas niñas serán las futuras esposas de senadores, ministros y presidentes y ejercerán sobre ellos alguna influencia, tendrán ellas mimas cierto poder, entonces es bueno conscientizarlas. Con el tiempo, la madre superiora y sus cátedras de historia se vuelven demasiado “revolucionarias” para los padres (y madres) de familia y a la madre Consuelo se le crea un problema muy grande también con las monjas del Sagrado Corazón de María.

Es alrededor de los años 70s que la madre Consuelo, divagando por Barranquilla, Medellín y Buenaventura (donde su trabajo con las poblaciones negras se hace famoso e incómodo para la iglesia), ingresa casi que sin saber a la guerrilla del ELN. No hay nunca una entrada “formal”. No se firma nada, no se dice sí. Pero ella después de una primera subida “al monte” y de conocer al comandante Fabio Vásquez (del cual se enamora) empieza a colaborar con sus actividades desde su sitio en las ciudades. Llevando recados, mandando cosas necesarias para la vida en el campo. Pero sobre todo, discutiendo con ellos/ellas sus métodos, su ideología, sus caminos, su política, aportando ideas, haciendo cuestionamientos.

Todo este relato se va enmarcando en la historia que va viviendo el país, las posturas de la iglesia frente a ello y las reflexiones que va a haciendo María, Consuelo o Leonor, como se ha llamado a lo largo de su vida.

A través de los ojos de esta mujer vemos un país constantemente en transformación. Pero con unos problemas sociales persistentes. Además vemos también a la guerrilla del ELN desde otro ángulo. Su nacimiento, sus comandantes legendarios, sus crisis, riñas internas y debates frente a lo que acontece en el país y en el mundo.

Lo interesante también de este relato es que Leonor se sitúa siempre como mujer y muy consciente de su clase social. Eso hace su relato muy rico, no un relato llano y lleno de fechas. Sinó uno lleno de matices, de perspectivas distintas y analítico.

Leonor empieza a cuestionarse el papel de la mujer en la guerrilla. “Por qué los compañeros son tan machistas si se supone que quieren una transformación de la sociedad que justamente debe incluir una transformación de las condiciones de las mujeres?” Se pregunta por su divagar. Pero nadie la escucha.

Es en Nicaragua que vé que la revolución sandinista no implicó jamás una revolución en las condiciones de vida de las mujeres en su condición de mujeres. Las mujeres guerrilleras de Nicaragua no fueron tenidas en cuenta para los cargos del Estado. Tampoco se discutió sobre sus necesidades específicas ni sus condiciones dentro de la familia patriarcal. En un aparte cuenta que los guerrilleros cambiaron a sus compañeras sentimentales de la guerrilla por muchachas de ciudad cuando triunfó la revolución. De forma humillativa las hicieron a un lado. Ya habían cumplido su propósito. Las mujeres de la revolución fueron invisibilizadas.

Esto lo cuenta ella a las guerrilleras del ELN cosa que no gustó en la organización y produjo mucho malestar entre los hombres.

Sin embargo Leonor sigue trabajando, esta vez desde México, en la comisión internacional y pega en su nevera un texto así: “Proletarios del mundo, quien lava sus calzoncillos?”.

La salida de Leonor del ELN no se dá por estas diferencias. Se dá en medio de una crisis de la organización y ella misma afirma: “así como entré, salí”. Sin ninguna “salida formal”, sin firmar nada. Simplemente cesaron las comunicaciones.

Pero el compromiso de Leonor con su país y las preguntas que la persiguen no desaparecen. Se mete de lleno en la lucha por los derechos humanos de las mujeres y culmina su testimonio con un pensamiento, que desde mi punto de vista como feminista es muy certero: el grupo humano que provocará una revolución en las formas de pensar sobre las cuales está construido nuestro mundo capitalista serán las mujeres. Cuando las mujeres se conscienticen como grupo de sus subordinación y de que es indispensable cambiar ese estado de cosas, muchas cosas cambiarán. Para el bién de la humanidad.

En La búsqueda vemos a un país en transformación y en crisis repetitivas. Pero sobre todo, vemos a una mujer también en constante transformación y crecimiento personal. Siempre buscando responder a sus preguntas y cuestionamientos internos.

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