Terrorismo cultural

Publicado: 19 junio 2012 en Antropología, Libros

En el verano del año pasado Anders Breivik, extremista de derecha noruego de 32 años, asesinó a 77 personas, 41 de ellas mujeres, en la isla de Utöya. Además detonó también una bomba en el centro de Oslo. Las reacciones inmediatas tanto en Noruega como en el vecino Suécia, fueron de que se debía tratar de “islamistas”. Esas reacciones venían sobre todo de los grupos de derecha (neoliberales y demás) y extrema derecha. Poco después se conoció que quien estaba detrás de este monstruoso acto venía justamente inspirado por ese lado del espectro político europeo.

Desde entonces se viene estudiando el manifiesto de Breivik, que escribió y envió poco antes de estos atentados, donde proclama que Europa desde los años 60s se izquierdizó y  “feminizó”, se declara en contra de los “marxistas culturales”, de los izquierdistas que le han abierto la puerta a tanto inmigrante, sobre todo a inmigrantes musulmanes cuyo objetivo sería “islamizar a Europa”.  Breivik se vé a sí mismo como un “salvador de Europa”, de “Noruega” y que la civilización europea se lo agradecerá en un futuro. Por eso no se arrepiente de haberle quitado la vida a esos 77 jóvenes noruegos y noruegas del partido socialdemócrata, que se reunían en un congreso de verano. Estos jóvenes representaban a esos hombres y mujeres “izquierdosos/as” que habían abierto a Europa a la inmigración. Ellos debían pagar por el pecado de no haber salvaguardado la “pureza” de la cultura noruega.

Estas ideas lamentablemente están tomando muchísima fuerza desde hace un rato largo en Europa. En toda la península escandinava ya hay partidos herederos de ideas nazis en los parlamentos elegidos popularmente. En Francia, el Frente Nacional, también de extrema derecha, obtuvo nada más y nada menos que el 17% en las elecciones pasadas, ubicándose como tercera fuerza política. A cuánto le apuntan para las próximas elecciones?

Las ideas claras y simples que lanzan los extremistas de derecha son las siguientes: los inmigrantes nos están invadiendo. Ellos toman nuestros trabajos, nuestras mujeres, nuestros subsidios y no aportan nada. Ellos nos invaden culturalmente, hablan otras lenguas en la calle, se visten distinto, tienen otras religiones, se comportan de otras maneras. Ellos se reproducen más rápidamente y pronto no habrán verdaderos “franceses”, “suecos”, “noruegos”. Ellos nos ensucian nuestra “cultura”. Ellos hablan de “multiculturalismo”. A nosotros no nos conviene el “multiculturalismo”. Estos son nuestros países, aquí sólo debe haber “una cultura”. “La nuestra”.

Thomas Hylland Eriksen llama a este conjunto de ideas Terrorismo Cultural. Y ya lo había hecho en 1993 cuando publicó por primera vez un minúsculo libro bajo ese nombre. Eriksen es uno de los antropólogos más reconocidos en Europa. Es noruego, como Breivik,  y se ha especializado en analizar los nacionalismos, temas de identidad y etnicidad.

Justo el verano pasado, un mes antes de que Breivik cometiera sus atentados, compré este libro en una librería del centro de Estocolmo. Esa sería mi lectura de avión, camino a Cali. Y ya lo he leído dos veces. Sus 72 páginas se leen rápido, pero las pausas hay que hacerlas para pensar y digerir lo que dice Eriksen.

Su idea principal es que lo que comunmente llamamos “cultura” (la cultura sueca, la cultura noruega, la cultura colombiana) no es algo estático y permanente. Hemos sido todos y todas indoctrinados/as con la idea de que la cultura es una cosa que le pertenece a un pueblo que tiene fronteras físicas definidas y que se basa en la historia, en el  pasado del pueblo.
Pero Eriksen insiste en que la cultura no debe ser cosificada; tratada como una cosa. Y es muy peligroso cuando la idea de “cultura” como cosa es usada políticamente por el grupo dominante.

Eriksen hace un análisis de cómo la extrema derecha ha trasladado cuestiones de “identidad”, que en verdad trata de un concepto que es personal y basado en las experiencias individuales, a la política. Es decir, la extrema derecha ha hecho política de la identidad. Lo cual resulta sumamente peligroso porque al convertir cuestiones privadas en cuestiones políticas, se crean barreras muy marcadas entre grupos que componen una misma sociedad. En la política deben primar los principios universales que deben regir a todos los seres humanos, y dejar de lado aquello que no es tan decisivo y que nos divide, como la religión que cada cual profesamos, el acento o lengua que hablamos etc.

Las cuestiones de identidad son muy delicadas porque se trata de una de las cosas más importantes para cada ser humano, el cómo se percibe a sí mismo/a y también el cómo cree que lo perciben los demás. Todo este percibir y percibirse determina también de qué forma vemos el mundo, basado también en gran medida por las experiencias/vivencias que vamos acumulando.

La política de identidad puede ser una herramienta muy importante para que un grupo dentro de la sociedad exija tratamiento igualitario. Por ejemplo nuestros indígenas y los movimientos afrocolombianos que han tenido que organizarse como grupo social con tradiciones, historia, lenguas y dialectos y creencias propias distintas a las del resto de la sociedad colombiana. Esto ha sido válido en sus luchas porque de otra manera, el grupo dominante -hispanohablante, católico, blanco/mestizo- no hubiera reconocido sus necesidades especiales y el debate sobre la deuda histórica con esas poblaciones probablemte no se daría. Pero cuando la política de identidad empieza a ser usada por el grupo dominante, esta se convierte ya nó en una herramienta reinvindicadora de derechos universales, sinó en una herramienta de dominación y control que puede llevar a la tiranía de la mayoría sobre las minorías.

Eriksen hace también énfasis en que el Estado-Nación es una construcción social y política bastante reciente en la historia de la humanidad y que ni aún hoy se puede hablar de que los Estados- Nación sean totalmente homogéneos culturalmente. Europa no lo ha logrado (recordemos España y sus Vascos, Catalanes etc) y mucho menos lo somos en América Latina con todos nuestros grupos indígenas.

En Escandinavia la extrema derecha no obstante está tratando de dibujar una historia que remonta al tiempo de los vikingos (cuando aún no eran cristianos y creían en deidades vikingas), pasando por la conversión al cristianismo (que hoy es piedra angular para diferenciarse de los inmigrantes musulmanes) y siguiendo por la saga de desarrollo industrial que los convertiría en los primeros entre el “primer mundo”, siguiendo por el Estado Social de Bienestar, que hoy defienden hasta cierto punto, pero sólo para los rubios ojiclaros directamente descendientes de los vikingos. Esta “cultura” sueca, noruega o danesa -dependiendo del caso- es la que hay que defender contra el invasor inmigrante. Los “valores” suecos, noruegos o daneses-según el caso- fundamentales para la construcción de la sociedad se estarían perdiendo por culpa de aquellos “cabezas negras” -como son llamados los inmigrantes- que traen otros valores, otras formas de ver el mundo. El “multiculturalismo” sería así la muerte para la “cultura” local.

Eriksen muestra en su libro que no obstante las diferencias culturales (de lengua, de religión, de idioma,  de formas de actuar y fiestas a celebrar), no son ellas las que provocan conflictos al interior de las sociedades. Lo que crean los conflictos son las ideologías que basan su existencia en que esas diferencias son trascendentales.

Este pequeño libro es muy bueno para pensar y reflexionar sobre las cuestiones de identidad, nacionalismos, etnicidad, y cómo esos términos son usados a favor o en contra de los derechos fudamentales de todos nosotros.

“Coje tu cultura y haz lo que quieras con ella” – eso le dijo Loreen, una cantante sueca de padres marroquíes ganadora del festival europeo de música, a los extremistas derechistas que comentaron su victoria diciendo que esa presentación “no era sueca”. Eriksen sólo le agregaría a la frase de Loreen: “…. pero mis derechos fundamentales déjamelos en paz”. Entre esos derechos está el derecho a pedir refugio en otro lugar cuando se es perseguido/a por su opinión política, religiosa, o por su género, su raza etc etc.

Este libro es como su subtítulo lo dice: ” una reflexión sobre la idea de la pureza cultural”.

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