Trujillo, una tragedia que no cesa

Publicado: 16 marzo 2011 en Política colombiana

Hace un tiempo hice una entrada celebrando que por fin había habido una condena en el caso de la Masacre de Trujillo. 44 años al mayor Alirio Urueña, comandante del Batallón Palacé de Buga en la época de la masacre (1986-1994) y quien no sólo colaboró con los narcotraficantes Diego Montoya, alias “Don Diego” y Henry Loaiza, alias “El Alacrán”, sino que además era quien dirigía las torturas contra los campesinos que cayeron en las garras de estos personajes en las fincas Las Violetas de Don Diego y Villa Paola del Alacrán, ubicadas en corregimientos de Trujillo.

Este fin de semana tuve la oportunidad de ir a este pueblo ubicado en las faldas de la Cordillera Occidental, en el centro-norte del Valle. Después de Trujillo, hacia el occidente, se traspasa la montaña y se llega al Chocó y por ahí derecho al Océano Pacífico. Perfecto para sacar la droga!  Y lastimosamente aquí nació Diego Montoya, o “Don Diego”, hoy extraditado en EEUU pero nó por lo que entre otras cosas hizo en Trujillo contra campesinos, sino únicamente por sacar el polvo blanco de Colombia hacia EEUU.

Trujillo

Mi viaje empezó el sábado temprano en la mañana. Arcadio me recogió en su bus del TransTrujillo. Arcadio es de Trujillo y siempre ha vivido ahí. Trabaja como chofer de la TransTrujillo. Fuimos a recoger en el Aeropuerto de Palmira a una delegación española que venía específicamente a escuchar víctimas del caso de Trujillo. 8 españoles representando ONGs españolas y al gobierno de Asturias y del País Vasco, entre ellos la Coordinadora de DDHH del País Vasco y el Director de la Cooperación Internacional de Asturias. Todos muy majos. Y además tres colombianas más del Comité Permanente de DDHH.

El viaje se hizo amable con los paisajes lindos del Valle y yo me puse a conversar con Arcadio. Me comenta que es muy bueno vivir en Trujillo; “ahora está muy tranquilo, matan de vez en cuando marihuaneros pero está más bién tranquilo”, me decía. “En cambio aquí en Tuluá si matan gente, oiga!, aquí sí está peligroso” continuó con su acento medio apaisado, porque los Trujillenses son más paisas que vallunos en el hablar. Además cultivan café, están en la montaña y sus costumbres son heredaras de la colonización paisa de inicios del siglo XX. Se dice que Trujillo fué fundada por paisas y por los sobrevivientes de la guerra de los mil días, entre ellos muchos cundinamarqueses, boyacenses y santandereanos.

La carretera entre Tuluá y Trujillo es delgada, dos carriles muy estrechos, a diferencia de varias de las carreteras del Valle, la carretera no es muy buena. Atraviesa Riofrío y continúa hacia la montaña. Pasamos el Cauca, y después viene un letrero que dice: “Trujillo, remanso de paz”. Hmm… pienso yo. Y también me imagino que piensan los españoles.

Continuamos subiendo y de repente se divisan las primeras casas campesinas a lado y lado de la carretera. Poco después, el pueblo un poco más abajo, la torre de la iglesia amarilla con blanco es lo primero que veo. Estoy llegando al pueblo de mis abuelos maternos. A aquél pueblo que tuvieron que abandonar dejando atrás fincas, casas, ganado, café, para salvar la vida, por el mero hecho de ser liberales.

“Es que Trujillo ha sido un pueblo sumamente conservador” – nos cuenta la hermana Maritze Trigos, en el desayuno: carne frita (huevo frito para mí), arroz, arepa y café con leche. La hermana nos estaba esperando en un restaurantico frente a la plaza principal, manejado por hijos de víctimas de la masacre de Trujillo.
Es día sábado, el día más movimentado de la semana. Es día de mercado y se nota. En la calle que continuaba del lado de la plaza arriba por la iglesia, se veían varios jeeps de pueblo de esos que cargan bananos, plátanos y todo lo que le pueda meter. Mucha gente estaba ya afuera, movimiento de pueblo. “Allá están los Rastrojos” dice Maritze, y hace una pausa para explicarle a los españoles qué son los Rastrojos. “Osea, es lo mismo que los paramilitares. Ahora se hacen llamar Rastrojos, es sólo cambio de nombre”. Maritze explica que estos Rastrojos se mueven como pedro por su casa en el pueblo, y las autoridades no hacen nada. Manejan negocios, intimidan a la población, son los amos y señores. “Y claro, es que estamos en un punto estratégico, con cercanía al Chocó, la zona más rica de Colombia y por donde sacan la coca”, explica pausada.

Después del desayuno damos una vuelta por el pueblo ante la mirada de la gente. Yo me voy preguntando en mis adentros si el pueblo habría sido así hace 60 años, cuando mis abuelos vivían aquí. Cuál sería su casa? Dónde quedará la finca? Y qué difícil debió haber salido de aquí, porque la zona es hermosa de verdad.

Continuamos nuestro camino hacia el Parque Monumento. Un monumento en memoria de las víctimas de la Masacre que han construido los familiares de las Víctimas, sin ayuda del Estado Colombiano, al cuál le tocó reconocer su responsabilidad en 1995, bajo el gobierno de Ernesto Samper.

Pero llegar al Parque Monumento, si bién es un aliciente muy grande por ver el esfuerzo de la recuperación y mantenimiento de la memoria colectiva, también es bastante duro, porque nuestro Estado, apesar de haber sido perpetrador y torturador, no levanta un dedo por estas personas si no es por que lo obligan o porque tiene que hacerlo. Y es más… la tragedia no cesa y el Estado no hace nada. El pueblo fué también azotado por la violencia de las AUC y hoy por los Rastrojos. El Estado no aprende.

La Masacre de Trujillo es catalogada así por el Grupo de Memoria Histórica (GMH) en su informe de 2008: Trujillo, una tragedia que no cesa, a partir de que la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz CIJP la clasifica de esa forma en su demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Así también la clasifica AFAVIT – Asociación de Víctimas de la Masacre de Trujillo, quienes son también los que hacen el monumento. Pero la “Masacre” no fué una sola, sino una sucesión de hechos extremadamente violentos que se dieron en el municipio desde 1986 hasta 1994.

Según el informe de GMH la forma de violencia más usada fueron las desapariciones y los asesinatos selectivos. Esto se dió contra una población campesina que fué y durante mucho tiempo continuó siendo acusada de “auxiliadores de la guerrilla del ELN”. A finales de los años 80, el ELN empezó a hacer presencia en la zona y realizar trabajo político con los campesinos. “Ellos hacían reuniones con la gente, explicaban que teníamos que abrir los ojos frente al Estado” – cuenta uno de los sobrevivientes mientras me está mostrando el Monumento a la memoria que han hecho. Es un hombre de unos 50 y algo años que perdió a su hermano en el enfrentamiento entre militares y guerrilla, que terminó con 7 soldados muertos, varios heridos y un muchacho civil (su hermano) asesinado por los militares y después presentado como guerrillero. A raíz de este enfrentamiento el 29 de marzo de 1990, alcanza “la Masacre” su clímax. Ya venían desapareciendo y asesinando personas, pero el orgullo herido del ejército propició una alianza negra con Don Diego y El Alacrán para asesinar campesinos.

El 30 empiezan a entrar en las casas de la gente del corregimiento de La Sonora y se llevan muchos pobladores. Todos hombres y una mujer: Esther Cayepú, partera de la vereda y líder campesina. Contra estos campesinos se practican las más horrendas prácticas de torturas: sopletes de gasolina, son puestos en costal y ahogados con chorros de agua, para finalmente ser descuartizados vivos con motosierra. Sus cabezas son echadas en costales, lo mismo con otros cuerpos. Y arrojados al rio Cauca. Todo esto aconteciendo en la finca Las Violetas de Don Diego, y dirigida la tortura por el mayor Alirio Urueña. Del 30 de marzo al 17 de abril de 1990 ocurren más hechos de esta magnitud, culminando con el asesinato y descuartizamiento del padre Tiberio Fernández, el párroco del pueblo. Acusado también de ser “guerrillero”.  Son por estos acontecimientos que el Estado fué condenado a pedir perdón público y reparar a las víctimas. El Estado pues sólo reconoce 34 víctimas (todas asesinadas/desaparecidas entre estas fechas), pero AFAVIT reclama 342, mientras que otras comisiones de evaluación hechas sobre el caso, se han pronunciado sobre 280 víctimas, más 80 víctimas cuyos casos deben ser estudiados. El GMH maneja la cifra de 245 víctimas.

Las cifras son cosas frías. El fuego de lo que vivieron los campesinos, maestros, inspectores de policía (aquellos que no estuvieron de acuerdo con lo que suecedía y denunciaban fueron asesinados), líderes sociales, familiares de líderes sociales, concejales y hasta el padre Tiberio y sus amigos y sobrina, no fué cosa fría. La tortura se hizo en carne propia, con la más horrenda sevicia que ser humano pueda concebir. Tenazas, martillos, motosierra, sopletes de gasolina, pinzas. De 32 desaparecidos en Trujillo según las cuentas de GMH, sólo se pudieron recuperar 4 cuerpos: el del padre Tiberio y el de Juan Giraldo, un político local y sus dos acompañantes. Los familiares de las demás vícitmas siguen esperando.

Además de haber vivido la desaparición y asesinatos de sus seres queridos, los familiares estaban prohibidos de hacer el duelo, sólo 5 años después de terminada la masacre, se realizó un acto en conmemoración de las víctimas. Por el contrario, en vez de apoyo fueron escupidos figurativamente por el ex-gobernador del Valle Ernesto González le dijo a la prensa: ” Hay varias que se incorporaron a la guerrilla, sencillamente, o que están en la huída de la misma guerrilla” (Informe GMH, p. 69), y el informe de la Dijín de Cali: “Las personas desaparecidas en Trujillo, Valle, recientemente, al parecer formaban parte de la Red Urbana del autodenominado Ejército de Liberación Nacional” (Ibid).  Y así se puede seguir con las declaraciones del mismo ejército, como esta del coronel Hernán Contreras Peña, comandante del Batallón Palacé de Buga: “Los jóvenes de la Sonora no están desaparecidos, sino escapados, en medio de los combates se sintieron culpables y huyeron a las montañas, por ahí en 15 días vuelven”. (Informe GMH, p. 70)

La revictimización de las víctimas. Porque eh ahí comandante, que los muchachos no aparecieron. Y el testigo clave, Daniel Arcila dió en su testimonio, ya en 199o, muy claramente lo que pudo haber pasado con esos muchachos cuyos cuerpos nunca aparecieron.

Trujillo está transitando ahora mismo el camino de la Memoria, pero en medio de la guerra. Aún siguen los asesinatos, las violaciones, los desaparecidos. “En el 2004  ese paramilitar hizo lo que hizo conmigo”(violación), me cuenta Flor, en el Monumento. “El me dijo que tenía que acompañarlo por allá lejos porque sino iban a matar a mis hijos, y yo fuí y. Al año desapareció mi hijo” completa. Vive en la miseria en el casco urbano, con un hijo menos y un marido enfermo. Sin haber recibido nada por la desaparición de su hijo, sin saber el resultado de las investigaciones, sin que su violador haya sido capturado.

La tragedia de Trujillo no cesa. Este fué el pueblo donde se inauguró la motosierra como arma de terror y se cree que de ahí salió la idea para las escuelas de descuartizamiento de las AUC.

Como una película de terror en un enclave de ensueño. Tomamos nuestro bus de regreso a Cali. Cargados de historias de héroes que han resistido a sus victimarios valientemente: le construyeron en monumento a la memoria. “Para que no se vuelva a repetir” – repite en coro el grupo infantil que recuerda a sus seres queridos con poesías, dibujos, canciones.

Pero justo después de haber salido del pueblo un retén nos para. Hombres vestidos de militares, sin emblemas del ejército, olienda mal y con leve olor a drogas, nos quieren requisar. No se identifican, no son amables. Pero al escuchar de la delegación española que son españoles con prisa para alcanzar su avión, el grupo nos deja seguir diciéndonos: “Que Dios los bendiga”.

Así dejamos el pueblo, donde únicamente los familiares de las víctimas marchan en peregrinación cada año por sus muertos, nadie más del pueblo se adjunta. Donde los familiares siguen recibiendo amenazas. Donde se está empezando a recopilar información sobre las víctimas entre 2000-2010. Donde la tumba del padre Tiberio fué asaltada y el mármor dañado. Donde el Estado no dá un céntimo por mantener el Monumento a la Memoria. Donde en abril 36 familias esperan recibir casas por parte del Estado, como parte de un proceso de reparación que aún no ha cumplido.

Salgo del pueblo de donde huyeron mis abuelos hace 60 años. Cuando el método de la corbata se realizaba (cortarle la lengua a la víctima y dejarla colgando de corbata), donde los fetos de las mujeres liberales embarazadas eran extraídos porque había que acabar hasta con la semilla. Pero las semillas seguimos haciendo memoria. Construyendo memoria. Porque para eso nacimos, para ser semillas.

El cuerpo del padre Tiberio, sin cabeza, sin manos y sin pies. Además castrado, como lo dejaron sus victimarios. En un cuadro en su honor.

comentarios
  1. schnaider dice:

    mi abuelo materno también era de trujillo, bueno vivio su vida ahi y murio ahi, su nombre es Jose j Rios conocido gamonal a quien, según comentarios de mi madre, le iban a dejar los cadáveres a la puerta de la alcaldía cuando ejercía este cargo en el violento trujillo, participo en la toma de la desaparecida Betania, población quemada por las fuerzas conservadoras, al parecer fue masón y su relación con los curas era de fria conveniencia. Que terrible la sensación de impotencia que trasmites en tu escrito, y saber que dia a dia se cultiva mas y mas el miedo en nuestro pais, estamos ya paralizados, cuando dejaremos de temer a la muerte para poder unirnos y construir a nuestro modo?

  2. El ser humando puede ser malvado..

  3. Irma Londono dice:

    Me parece ver la misma historia de mi familia. Mis abuelos y toda su familia fueron obligados a huir del Tolima en la violencia eran conservadores, mi madre a los 14 años le toco ir a reconocer los cadáveres de sus primos y tíos, como les habían cortado a unos las cabezas tenia que buscar entre una montonera de pedazos de cuerpo que descargo una volqueta en frente de la alcaldía. En 1960 Tirofijo, Sangre negra y desquite en Villa Hermosa Tolima le asesinaron a otros familiares a ellos los descuartizaron y sacaron la lengua. La tía abuela de mi madre, Elisa Arango, los cosió para poderlos sepultar. Ella me contaba esas historias con detalles desde que tengo uso de razón. Cubrí militares y narcotrafico para radio y Television, vi violencia a todo momento, denuncie a los criminales y corruptos y el pago fueron amenazas e indiferencia de mis jefes y colegas. Ahora, estoy en el exilio pero viva y tranquila . En conclusión, mi madre nunca ha visto paz y yo tampoco, es mas, creo que vea nunca la veré.

  4. TRUJILLO VALLE dice:

    Es triste reconocer las cosas macabras y dolorosas de una región, pero más triste es saber como repetimos como loras las historias funestas y no reivindicativas de las más de trescientas victimas, Por nuestro lado aclararemos que ese cuentico del enfrentamiento guerrillero esta muy trillado y ese es el argumento que se inventaron para acordonar a los campesinos después del paro Nacional convocado por las Centrales obreras en 1988 y la marcha campesina de 1989 donde desencadeno la masacre aduciéndoles ser auxiliadores de la guerrilla, investigué desde la colectividad de campesino@s asesinados y no desde las directrices de los que en esa época y hoy manejan a Trujillo. Nada se hace contribuyendo con los argumentos de los perpetradores, esto no es conmemorativo, alimenta viejas rencillas y nos lesiona.
    Hay que hacer memoria desde los hechos contados por los protagonistas victimas inocentes y no por los victimarios disfrazados con pieles de corderos cobijados con los mantos que les dio el estado para destacar su memoria histórica. Ayudados por personas que no nacieron ni son de Trujillo. Por eso no les duele esta hermosa tierra, detrás de esta historias frías y calculadoras están las historias de lucha por la tierra y territorio.
    Lejos de sentir están los que no perdieron su familia, su proyecto de vida, sus amigos, su tierra, su territorio y hoy contribuyen arrebatar también la verdadera esencia de un pueblo.
    Aclaramos que la otra cara de la masacre esta siendo escrita desde el amor, la reivindicación, la lucha por los derechos y las historias de lucha de nuestra gente.

    • Joanna dice:

      Yo no opino que en mi texto esté contando la historia desde los “argumentos de los perpetradores”. Por favor aclara en dónde lo hago. El enfrentamiento con el ELN fué un hecho que no se puede negar, y también escribo como lo hace la GMH que las víctimas fueron campesinos, no guerrilleros. Inclusive la única persona presentada como guerrillero muerto en ese combate era un muchacho campesino inocente, y tuve la oportunidad de hablar con su hermano hoy vivo quién fué quien me contó el relato. Este hecho también lo destaca la GMH.
      Este texto está basado en una visita que yo hice a Trujillo y en la cual estuve con AFAVIT, la Asociación de Familiares Víctimas de la masacre de Trujillo. Se basa en sus relatos. Y además tuve la oportunidad de encontrarme con gente víctima de abusos por las AUC /paramiliares durante el periodo 2000-2010 – también un periodo que está siendo reconstruido por las mismas víctimas.
      En ningún momento estuve con “perpetradores” ni me baso en sus argumentos. Los argumentos de los perpetradores y sus encubridores han quedado bastante desvirtuados por las investigaciones hechas tanto por AFAVIT como por el grupo de memoria histórica. Es más, fué AFAVIT quien me dió el reporte de Memoria Histórica.
      Gracias por su comentario.

  5. orly dice:

    que dios todo poderoso se apide de todas las familias q fueron victimas de esa violenci tan bestial ..pido al gobierno q todas las familias sean repadas .y asi mismo les brinden mejores calidad vidas ..ymuchisima invercion para este municipio que parese olvidado por el govierno nacional …

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