La pereza, hermana de la lectura

Publicado: 18 diciembre 2010 en Cotidianas, Libros

Hoy he hecho como La Procuraduría y nuestro Honorable Congreso de la República. No he movido un dedo! Me la he pasado echada leyendo, porque en mi caso, la pereza es hermana de la lectura.  A la par que las lluvias cayeron hoy en Cali – para aumentar seguramente más la tragedia de nuestros compatriotas, yo me quedé en casa leyendo un libro bién interesante “La Subversión en Colombia” de Orlando Fals Borda.

Recuerdo que cuando compré ese libro en una librería en el centro de Cali el año pasado, pensé: “esto será una trampa? Será que si uno compra esto lleva un chip del DAS también? Para que lo chuzen a uno?” Osea, nada es imposible en esta tierra, he aprendido los últimos tiempos que he estado viniendo por acá. Lo medio ojeé en la librería y después me lo llevé.  Noté que el cajero me miró profundamente a los ojos y después bajó su mirada a mi libro. Se detuvo durante un largo tiempo y corrió el registrador de precios suavemente hacia mí y lo pasó por la etiqueta. Yo trataba de mirar para oto lado, haciéndome la boba. Miraba al muchacho parado frente a las revistas porno ojeando una cuidadosamente pero mirando a todos lados como tratando de ver si alguien notaba que tenía muchas ganas de comprarse la revista. Después, medio de reojo, yo miraba al cajero y él seguía mirando mi libro y de vez en cuando poniendo algo en la computadora de la caja. Yo mientras tanto pensaba si quizás debía mejor dejar las cosas así y devolver el libro y hacer lo que el muchacho de la revista porno: regresar después y ojear el libro en la librería escondida en un rincón, como en mis tiempos de estudiante pobre en Brasil, cuando no tenía plata para comprarme un libro muy caro pero muy interesante.

El proceso de facturar por el libro me pareció que tomó una eternidad. Y cuando el cajero terminó y por fin sacó una bolsa para echarme el libro noté que lo que había estado viendo todo el tiempo no era el libro si nó mi escote! – más acentuado de lo normal porque era un día muy caluroso. Al salir de la librería pensé que en ciertas ocasiones es muy bueno ser mujer y ponerse un escote. El muchacho ni habrá sabido qué libro me llevé.

Al cruzar la calle ví una vendedora de chontaduros en la plaza de Caicedo lo cuál inmediatamento me hizo dirigirme hacia allá y comprar dos bolsitas para celebrar mi nueva adquisición: mi primer libro de Fals Borda!  Sentada en un banquito de la plaza comiendo mis chontaduros ví pasar al muchacho de la tienda que había estado leyendo la revista pornográfica en un rincón.

El llevaba sólo el periódico El Tiempo en sus manos. Sin bolsa. Me dió pesar de él. Que no pudo llevarse la revista que quería. Se le hubiera facilitado más con un buen escote…

Mi sábado

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