Llevando un pedazo de Suécia conmigo

Publicado: 2 septiembre 2010 en Cotidianas

Durante un tiempo estaré fuera de Suécia. Antier me empecé a instalar en mi nueva vivienda alquilada en Cali para iniciar una nueva etapa de descubrimiento de esta ciudad a la cual llamo mi “hometown”.

Pero como 14 años son 14 años, no pude evitar meter en mi maleta un poquito de Suécia. Pan integral (lo siento pero en Colombia cuesta mucho conseguir un buen pan integral y el tipo alemán sale mucho más caro que en el mismo Estocolmo), knäckebröd (un pan duro integral, al que yo en un inicio bautizé como galleta de cartón, hoy es uno de mis favoritos y difícil de conseguir en Colombia, Ecuador o Brasil), velitas de olor de IKEA (velas pequeñitas, a las cuales soy adicta de una multinacional sueca llamada IKEA que aún no ha descubierto el “mercado” colombiano) y libros en sueco (nunca he intentado conseguir libros en sueco aquí, pero me imagino que será igual de difícil como conseguir libros en español en Estocolmo para la compra – en las bibliotecas abundan -).

Y bueno, ok, también traje un poco de humor. Victoria y Daniel no podían faltar. La princesa sueca que un día será reina y su nuevo esposo Daniel, un muchacho del “pueblo” que ahora es príncipe. Los puse muy bonitos en la mesa de la cocina para que sean vistos por los futuros invitados a mi casa. Se trata de un trapo de cocina con sus imágenes, de una postal con el título “El camino desde Ockelbo” – éste último es el pueblito al que Daniel debe llamar su “hometown” y el subtítulo: “How to become a Swedish Prince”. La postal muestra que el primer paso es asegurarse de nacer en un pueblo en el monte sueco. Y el tercer artículo es una tarjetica con tatuajes de Victoria y Daniel, para hacerse tatuajes temporales reales (de realeza).

Estos artículos en mi cocina serán un punto de partida para que mis invitados digan con asombro: “Y es que en Suécia todavía hay reyes?” Curiosamente, uno de los argumentos en Suécia a favor de la monarquía es que la familia real hace sonar el nombre de Suécia en el extranjero. Seguramente en Europa, porque la gran mayoría de amigos latinos y africanos desconocían que había familia real sueca, hasta que yo les conté. También después les comentaré a mis invitados que el jefe de estado en Suécia es el rey, que su poder (obviamente) se hereda, que no tiene “poder político” y no puede pronunciarse en cuestiones políticas, pero que recibe una buena cantidad de dinero del estado para que pueda vivir como un rey. Valga la redundancia. Que el estado además les subió esa cuota este año debido al matrimonio de Victoria con Daniel, y que en su matrimonio Victoria pronunció las palabras: “Gracias por darme mi príncipe” a sus súbditos desde un balcón del palacio real en Estocolmo. Que después de la despampanante fiesta se fueron a una luna de miel super lujosa en avión y yate privado, con cocineros a bordo y guardaespaldas del servicio secreto. Que estuvieron en la Polinesia, en Brasil, en Estados Unidos viviendo lujosamente. Todo pagado por el multimillonario Bertil Hult, dueño de la empresa sueca de aprendizaje de idiomas EF (con negocios en Colombia), y que entonces empezó un merecumbé en Suécia sobre porqué la princesa no se pagaba su propia luna de miel, con tanta plata que tiene y ya que el matrimonio no le costó nada. Que la acusaron de dejarse sobornar, pero que no se pudo hacer una investigación porque en Suécia, la familia real y miembros de la corte están por encima de la ley. Jamás se les podrá probar un caso de corrupción.

Ya quisieran muchos expresidentes colombianos poder terner la misma suerte que Victoria y estar por encima de la ley.

Después de todo esto mis amigos me dirán: “Pero entonces Daniel se ganó la lotería”. Pues sí, mientras esté casado. Porque si se divorcia no recibe ni un peso, que digo, ni una corona. Sólo unos cuantos muebles del palacio donde vivirá con su princesa. De acuerdo a un papel que le tocó firmar.

Después de esto, algunos me dirán, pero bueno, entonces, tan mal no estamos.

Victoria y Daniel en mi cocina

Victoria, Daniel y Colcafé en mi cocina

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