Dónde están las putas llaves?

Publicado: 12 julio 2012 en Política colombiana

En diciembre pasado me encontraba con un grupo de mujeres desplazadas en Bogotá que tenían una idea de proyecto productivo: poner un negocio de costura. Todas tenían en común que sabían coser, unas más otras menos, pero todas tenían ganas de aprovechar esa destreza, afinarla, aprender más y poder por ese medio ganarse algo para el sustento en la ciudad, nada fácil para una desplazada/o. Pero además, este grupo de mujeres pensaba en que tenían que también organizarse políticamente y hacer algo por visibilizar las causas de su desplazamiento: el conflicto armado. Y proponer soluciones para la paz.

Una idea iba y otra venía. “Pero Santos dice que no podemos hablar de paz, que él tiene las llaves de la paz” – decía una. Y otra le respondió: “Bueno, y dónde están las putas llaves?!”

De ese diálogo salió la idea de hacer unas camisetas con el texto: “Dónde están las putas llaves?!”

Yo creo que los y las indígenas del Cauca empiezan a encontrarlas.

Toribío aparece esta semana en las primeras planas de los periódicos nacionales por su método de resitencia: sacar a los actores armados de sus territorios. Sencillo y elemental: si no queremos guerra entonces saquemos de aquí a los armados, legales e ilegales.

El método es controversial, inclusive dentro de organizaciones pacifistas que ya les oí decir que “los/las indígenas del Cauca no pueden sacar de ahí al ejército, puesto que este tiene derecho a estar ahí, es el territorio nacional”. Es cierto que dentro del territorio nacional están comprendidos los territorios indígenas, pero también es cierto que durante mucho tiempo la nación/el estado no ha reconocido derechos indígenas fundamentales como el derecho a la consulta previa (en cuanto a lo que la nación planea hacer en sus territorios) y de repeso la fuerza pública ha desligitimizado en la práctica su derecho a estar en esos territorios indígenas con una historia de hostilidades hacia los/las indígenas al punto de tener historia de homicidios de indígenas – por ejemplo el esposo de la líder Ayda Quilcué. 

El 22 de junio pasado estuve en una audiencia pública en el municipio vecino de Toribío, Caloto. Ahí los pueblos indígenas, mestizos y afrodescendientes del norte del Cauca y del sur del Valle decían claramente que no querían tener la presencia ni de los guerrilleros ni del ejército en sus territorios. Que estaban sufriendo enormemente con la presencia de las estaciones de policía en la mitad de los pueblos, que la presencia de las bases militares en la zona significaban un riesgo inminente contra sus vidas y su derecho a vivir en paz. Además decían que estaban en desacuerdo con la presencia de la Fuerza Conjunta Apolo que ejecuta el denominado “Plan Consolidación” en la zona, llamada a su vez: “zona de consolidación”.

“El desarrollo no viene con el fusil al hombro” repetían los distintos movimientos sociales de la región.

Las críticas que se han escuchado a los métodos de los/las indígenas son esperadas: los/las indígenas están influenciados/as por la guerrilla, si sacan al ejército no podrán sacar a la guerrilla, ellos/ellas no entienden que el ejército está ahí para defenderlos, son guerrilleros.

Estas críticas son muy lógicas dentro de la lógica de guerra en la que vivimos los y las colombianas: si no eres del uno, eres del otro lado. O como decía el General Jérez Cuéllar, comandante de la Fuerza Apolo: ““los malos son el 6 frente de las FARC, los buenos somos nosotros”, cual explicación a niños de kínder. El relato de la guerra nos ha llegado siempre así a través de las grandes cadenas de comunicación del país: buenos y malos. Somos buenos o somos malos. Síganme los buenos!

La tecnología ha hecho que ahora los grandes medios de comunicación tengan que medirse no sólo con sus pares en competencia por el rating, sino también con las redes sociales y la información que periodistas alternativos/as están todo el tiempo enviando y que nos pone el mundo patas arriba. Los indígenas envían su información y su propio punto de vista en su página web www.nasaacin.org .

Por todos los medios tratan de hacernos entender y hacerle entender al gobierno que ellos/ellas ya no tienen vida en su pueblo. Que los niños y niñas tienen que interrumpir sus clases por causa de los combates, que no pueden hacer vida social en las calles, como decía una mujer a Caracol el jueves 12 de julio: “uno tiene que salir y hacer sus cosas rápido y regresar rápido a la casa y meterse a la casa porque uno nunca sabe cuando se va a encender”.

Qué hacer frente a eso? Se han propuesto soluciones, los movimientos sociales del norte del Cauca y el sur del Valle han hecho Mingas por La Vida, El Territorio y La Paz. Han pedido diálogos porque ellos/ellas sí saben que por la vía armada no ha dado resultado (y esto se refuerza cuando vemos que en el Cauca, con más de 20 000 efectivos de la Fuerza Pública la guerrilla aún le puede hacer retenes al presidente, combatir con el ejército, y quizás haberles bajado un avión supertucano). Además ese enfoque militarista se basa sobre la premisa de que el único problema del Cauca es la guerrilla, pero el análisis de los movimientos sociales presentes en la audiencia pública es que para ellos y ellas no sólo la guerrilla se ha convertido en un problema, sino también las políticas de la locomotora minera del gobierno, las transnacionales que quieren venir a apoderarse de las minas, la contaminación que ha dejado la minería en el medio ambiente, la falta de inversión social etc.

A estos requerimientos el gobierno ha hecho oídos sordos. Y continúa por el contrario enviando más Fuerza Pública, según Santos se han enviado 2000 efectivos más para “reforzar la seguridad ciudadana” (el asunto es cuál seguridad porque de todas formas y como se denunció en la audiencia siguen asesinando líderes para la restitución de tierras!). Y Santos sigue con la misma intención de anteriores gobiernos, de no escuchar y  “no desmilitarizar un solo centímetro de la zona”.

Es bajo esta lupa que se debe mirar la estrategia de los pueblos nasa y demás pueblos indígenas de abuchear a Santos, porque es que la cosa no es dialogar cuando al presidente le dé la gana y bajo las premisas que al presidente le dá la gana. Un diágolo es un tira y afloje y Santos entra ya con una actitud de no aflojar en ningún lado. Entonces hacer qué?

Cuando está en juego el derecho a vivir en paz, vale la pena jugarse las estrategias. Cuando está en juego el derecho a ver a los amigos/amigas en el café del pueblo para charlar, vale la pena jugarse los métodos. Cuando está en juego el derecho a mandar a sus hijos e hijas a educarse a la escuela en paz y cumplir con la jornada completa, vale la pena echar a los actores armados legales e ilegales. Cuando está en juego el derecho poder vivir de su cosecha y de usar la minería tradicional, vale la pena dialogar con la guerrilla. Cuando está en juego el derecho a tener una cotidianeidad, cuando está en juego la vida misma, vale la pena plantársele al presidente y decirle que NO, que las llaves no sólo las tiene él.

Que todos y todas tenemos que esforzarnos por encontrar la putas llaves!

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